PREGUNTA INCÓMODA: DESPUÉS DEL ÉXITO DEL 2026, ?QUÉ SERÁ DE LAS FIESTAS DEL PITIC EN ADELANTE?
La diversidad, la inclusión, el espectáculo que congregó a cientos de miles durante cuatro días en las calles del centro de Hermosillo y en las sedes alternas, itinerantes y en las zonas rurales dejarán la vara muy alta para posteriores ediciones de las Fiestas del Pitic.
Las de 2026 son, si la cultísima lectora, el rocanrolero lector me permiten arriesgar, las mejores entre las 24 que se han organizado desde aquel lejano 2002, último año de la administración de Pancho Búrquez, cuando nacieron como un pequeño y más bien modesto esfuerzo para la promoción del arte, la cultura y el espectáculo; como un foro público y gratuito para apoyar a artistas y creadores locales.
Como alcaldes, María Dolores del Río las escaló significativamente, pero Ernesto “El Borrego” Gándara las relanzó como sede de eventos masivos, con mucha participación de talento local, pero con la contratación de artistas de talla internacional que convirtieron este evento en la actividad cultural más importante del año en la capital de Sonora.
A partir de allí los sucesivos presidentes municipales han comprendido que el ejercicio de gobierno estaría incompleto sin una sólida política de promoción cultural y de esparcimiento que, al convocar masivamente no solo a los hermosillenses, sino a visitantes de otras ciudades del estado, de otras entidades y hasta del extranjero se traduce a su vez en un detonante de la actividad comercial y la de servicios que resultan en una derrama económica fundamental en estas fechas.
Por los diferentes escenarios montados en el centro de la ciudad, edificios históricos como el los propios palacios municipal y de gobierno, así como bares, restaurantes, teatros, calles y callejones han desfilado artistas de clase mundial a lo largo de estos 24 años, pero este 2026 el alcalde Antonio Astiazarán y su equipo la sacaron del cuadro espectacularmente.
Hablar de más de 90 mil asistentes al concierto de Maná, con el que se cerró la primera noche de las Fiestas, son palabras mayores. Que yo recuerde, no se había registrado un aforo así en Hermosillo, jamás.
Por asuntos de trabajo no pude asistir a esa tocada, pero los reportes indican que lo más chingón del evento fue la creación de comunidad. La convivencia de miles en las calles del centro para disfrutar la música de la banda mexicana de rock pop más acreditada internacionalmente en estos momentos.
Por supuesto que cuando hablamos de crear comunidad, se incluyen los avatares propios de la convivencia cotidiana, y eso incluye uno que otro zafarrancho, una desgreñada entre bravías contendientes del metro cuadrado que les toca compartir sobre el asfalto, pero en general la fiesta no reportó mayores incidentes.
La jornada del viernes cerró impecablemente para la banda rocanrolera. Molotov rompió la noche con sus ritmos frenéticos, su irreverencia barriobajera y ese modo tan peculiar de alburear al público y mentársela y todavía hacer que la banda lo cante a todo pulmón: “chingo yo, chingas tú, chinga tu madre…”.
Por supuesto que la rola más esperada y la más cantada dados los últimos acontecimientos en la relación bilateral México-EEUU fue “Frijolero”, una oda a la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la no discriminación y el alto al intervencionismo; a la defensa del ser mexicano:
Aunque nos hagan la fama
De que somos vendedores
De la droga que sembramos
Ustedes son consumidores
Don’t call me gringo, you fuckin’ beaner
Stay on your side of that goddamn river
Don’t call me gringo, you beaner
No me digas beaner, Mr. Puñetero
Te sacaré un susto por racista y culero
No me llames frijolero
Pinche gringo puñetero
Chingao…
Y si vamos a apelar a la mexicanidad, Molotov dejó caliente el escenario para la aparición de Alex Lora, indiscutible jefe de la legendaria banda de rock que cosechó aplausos en la no menos legendaria tocada de Avándaro en 1971 y que 56 años después de la fundación de Three Souls in My Mind, regresó a Hermosillo para soplar sobre las cenizas de la nostalgia del chavorruquismo que dejó el sombrero y las botas picudas para cubrir la alopecia con un pañuelo o una gorra y calzar tenis, y para descubrir que hasta la Generación Z estaba ahí, en el rítmico vaivén del cachondeo y el susurro de la Triste Canción de Amor.
Pero qué más mexicanidad quieren, que la esmirriada figura de Alex Lora sosteniendo el lábaro patrio, ayudado por un luchador enmascarado, invocando a la Virgen de Guadalupe y dirigiendo el himno nacional cantado por unas 50 mil almas en el Foro Rosales, justo allí, entre la bandera de la huelga del STAUS y las 49 cruces de las infancias que se fueron aquel 5 de junio de 2009.
De hecho, comenzó su concierto con “una rola muy romántica” -dijo- para entonar una baladita que a la letra reza: “que chingue a su madre Donald Trump… que chingue a su madre Donald Trump…”.
Y de allí para adelante todo fue rocanrolear: Metro Balderas reeditado: “Oye chofer llévame a donde quieras, llévame a Hermosillo y a las Fiestas del Pitic”; El niño sin amor y todas las rolas que para sorpresa de nadie estaban cantando hasta los nietos y nietas de quienes crecieron con ellas.
Para la parte final del concierto apareció su domadora, Chela Lora, que también debe andar por encima de los 70 años de edad pero que no le pesaron nada a la hora de recorrer a saltos el escenario y testimoniar el reclamo nacional contra la violencia hacia las mujeres con la canción “Ni una más”:
¿Cuántas niñas más tiene que perder la vida?
Para que la sociedad quede convencida
Que no puede ser, no puede ser
Tanta violencia contra la mujer
No puede ser, no puede ser
Tanta violencia contra la mujer…
Molotov y El TRI, bandas de rock mexicanas a las que se la siguen pelando los años y que siguen en congruencia con la esencia contestataria e irreverente de ese género. Porque el rock es contestatario o no es.
Cierto, ya no queda nadie de aquella banda que conocimos en los 80, pero los músicos que hoy la integran no le piden nada a sus antecesores. Un conciertazo que cerró, obviamente, con “Las piedras rodando se encuentran” que es como un himno cargado de esperanzas acaso desesperanzadas por un reencuentro que no será, pero quién sabe…
Imposible, citar a los mil 500 artistas que estuvieron en las Fiestas del Pitic, pero claramente sé que las calles se llenaron de celebración en Hermosillo: sábado y domingo con Grupo Frontera, Carlos Rivera, Mau y Ricky, Piso 21, El Gran Silencio, Gipsy Kings, Lila Downs y muchos más.
Muy alta quedó la vara para las próximas fiestas, que por cierto habrán de celebrarse en mayo de 2027, es decir, cuando ya el Toño Astiazarán probablemente no esté al frente del gobierno de Hermosillo, si es que se concreta su intención de ser candidato a la gubernatura, pues estaría a menos de un mes de la elección.
¿Quién tomaría la estafeta en el Ayuntamiento? ¿Qué mensajes se enviarían con la cartelera? ¿Cómo estará el aforo a unas semanas de las elecciones?
Qué nervios…
Y mejor aquí la dejamos, porque en otras noticias, la tuvimos, era nuestra, y la dejamos ir.
No se hizo la octava para mis Pumas, nos ganó el Cruz Azul y nos ganó bien. Nada que reclamar. Me quedo con lo que dijo el colega y amigo Gil Reyes, también Puma: “hay proyecto, si corren a varios jugadores ‘makeins’ (apócope de ‘macanas’), que a su vez alude a la inservibilidad de algunos de cuyo nombre no quiero acordarme.
Bueno, ya, a otra cosa, mariposa, porque comienza una nueva semana.
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