En 3y2/David Parra

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En 3y2/David Parra

 

SOBERANÍA A LA CARTA

La iniciativa para nulificar elecciones por intervención extranjera llega en un momento particularmente en el que parece más un pretexto que una causa justificada. En el discurso, la propuesta se vende sobre la base de un pretendido nacionalismo soberanista que suena hueco cuando es público que en México intervienen una serie de países y facciones ideologizadas afines al régimen.

Pero partiendo de la teoría de lo ideal, es de entenderse que ningún país democrático debería permitir que gobiernos, organizaciones o intereses externos influyan en la voluntad popular. Defender la soberanía electoral es una obligación de cualquier Estado que valora y respeta su sistema democrático.

El problema comienza cuando la discusión deja de ser jurídicamente seria y se vuelve politiquería y, aún peor, cuando su evidente propósito es crear una nueva herramienta para anular elecciones de manera selectiva aplicable a opositores y para control selectivo de sus propios candidatos.

Una ley de esta magnitud no puede pasar sin un amplio consenso social y político, por lo que el no hacerlo supone la aplicación de una visión sectaria, y menos aún cuando quien la redacta está contra las cuerdas.

También se requiere de instituciones sólidas para su configuración, consenso y aprobación, además de probidad integra por parte de las instituciones encargadas de interpretarla y aplicarla, perro llega cuando México atraviesa uno de los periodos de mayor polarización y desconfianza institucional de las últimas décadas, caracterizado por una ilegítima imposición autoritaria que le define y deslegitima y para colmo guiada por un pensamiento único como motor de toda su actuación.

La pregunta de fondo no es si existe el riesgo de intervención extranjera. Claro que existe. Las campañas digitales, la manipulación informativa y las operaciones políticas internacionales son ya una realidad global. Estados Unidos, Europa y América Latina han enfrentado episodios similares. México no es inmune y así se ha acreditado en el caso de partidos de oposición y del partido gobernante, ambos en menor o mayor medida.

La verdadera pregunta es otra: ¿quién decidirá cuándo hubo intervención extranjera y bajo qué criterios?

Ese punto resulta fundamental porque la iniciativa emerge en un contexto donde los órganos electorales, los tribunales y la propia Suprema Corte han dado muestras claras e irrefutables de su subordinación y complicidades con personajes del poder ejecutivo y su mayoría legislativa. El oficialismo rechaza esa acusación y sostiene que lo que existe es una transformación institucional para terminar con privilegios y viejas estructuras de poder, que siguen intactos y crecientes en esos organismos serviles y sometidos, colonizados y capturados. La percepción pública del debilitamiento de los contrapesos ya forma parte del debate nacional.

Por eso la preocupación no es menor. Una legislación ambigua sobre “intervención extranjera” podría abrir la puerta a interpretaciones discrecionales, acusaciones selectivas o conflictos poselectorales permanentes. Lo que hoy se presenta como mecanismo de defensa democrática sólo puede terminar como herramienta de coerción política bajo las condiciones autoritarias que hoy definen al régimen.

Ese es el gran dilema de las democracias contemporáneas: cómo proteger al Estado sin erosionar las libertades y garantías que sostienen al propio sistema democrático.

Cuando las instituciones dejan de ser vistas como árbitros neutrales y comienzan a percibirse como capital de una facción de la sociedad, cualquier actuación pierde legitimidad ante la ciudadanía. Una democracia que pierde confianza pública empieza lentamente a perder estabilidad.

El conflicto de interés es evidente. Una iniciativa presuntamente diseñada para fortalecer la legitimidad electoral profundiza la sospecha sobre las elecciones si no existen garantías absolutas de imparcialidad institucional.

El punto no es si México necesita o no mecanismos de protección frente a amenazas externas, pero necesita antes instituciones autónomas, independientes, creíbles y capaces de actuar sin consigna política. Sin eso, cualquier reforma, incluso una legítima, quedará atrapada en la lógica de la confrontación y la sospecha fundada.

Las democracias no se debilitan únicamente cuando violan la ley, también se debilitan cuando quienes la diseñan y quienes la aplican no son dignos de confianza.

 

#ByTheWay

… Poco que agregar a la nueva edición de las Fiestas del Pitic que se han consolidado en la administración del Toño Astiazarán como un referente nacional e internacional de una visión holística de la cultura, el arte, la idiosincrasia y la capacidad de ofrecer de manera gratuita el acceso a conciertos de grandes ligas, que cada año rompe su propia marca, llegando en esta ocasión a un nivel de audiencia y presencia inéditos: 400,000 asistentes y millones de vistas en redes sociales con un impecable saldo más blanco que la nieve.

El secreto: Liderazgo, un liderazgo que inspira y transmite. Así pude confirmarlo al asistir ayer a un evento más de agradecimiento que informativo dedicado al enorme equipo que hizo posible esta hazaña para una ciudad como la nuestra, que se puso al nivel de las grandes ciudades y que, si a proporción poblacional vamos, las superó con mucho.

Incidentes los hubo. Personas que pudieron haber hecho mejor las cosas para intervenir y prever, también, pero escatimarle el enorme mérito a un éxito de esta magnitud por “hechos aislados, aunque poco frecuentes”, acaso sirva para mejorar lo mejorable. De eso ya hay quienes se encargan desde una oposición poco generosa a la que la vara le ha quedado muy alta.

Ejemplo de ello el patético pataleo de una Judith Armenta incapaz de estructurar un discurso con el que no escupa para arriba para una nueva auto inmolación. Alguien debe decirle que cuando no hay argumentos sólidos lo mejor es callarse si no quiere aplaudir.

Pero volviendo el tema, es importante considerar que el evento estrella de esta celebración anual, el imponente foro de los mega conciertos de la calle Rosales, ya requiere espacios más amplios por razones de control y seguridad, así como también ya entrados en gastos, más adecuados para el caso de la manifestación de la expo ganadera, otro éxito distintivo de la ciudad solar que pasa por el mismo lugar.

Fuera de eso, estas fiestas del Pitic fueron un alarde de organización, logística, planeación y ejecución que reflejan con resultados constantes y sonantes un liderazgo que hace posible hasta lo impensable. Es por ahí, salvo que haya quien tenga no otros, sino mejores datos, y hasta ahora, no se ve quien.

@dparra001