EL VERDADERO DESTINATARIO
La aparición sucesiva de gobernadores morenistas en expedientes, filtraciones y señalamientos provenientes de Estados Unidos comienza a dibujar un patrón que va más allá de los cartas visibles. La pregunta ya no es quién sigue en la lista, sino quién es el verdadero destinatario de la presión.
En este contexto, Alfonso Durazo y Américo Villarreal parecieran no ser el objetivo específico de la ofensiva política y judicial que parece construirse desde Washington. Más bien, podrían constituir piezas de un mecanismo de presión dirigido hacia una figura de mayor relevancia estratégica: Rubén Rocha Moya.
La razón es elemental. Mientras Durazo representa una de las figuras estratégicas más cercanas a Andrés Manuel López Obrador y Villarreal simboliza una de las victorias políticas más relevantes de Morena en el noreste del país, Rocha aparece en una posición distinta dentro del tablero. Su caso se encuentra pública y directamente vinculado a las narrativas que han relacionado al poder político mexicano con organizaciones criminales, teniendo como figura representativa principal al cártel de Sinaloa, convirtiéndolo en una pieza potencialmente icónica para la narrativa político preelectoral de las autoridades estadounidenses.
Desde esa óptica, la presión sobre estos gobernadores podría tener un propósito adicional: elevar el costo político de mantener una defensa cerrada alrededor del mandatario sinaloense.
Resulta particularmente llamativa la postura asumida por la presidenta Claudia Sheinbaum. A diferencia de la defensa frontal desplegada en favor de Rocha Moya, en los casos de Durazo y Villarreal la reacción ha sido visiblemente menos empática, por llamarle de alguna manera. Incluso el no rechazar señalamiento de que ambos enfrentaron medidas relacionadas con sus visas estadounidenses puede interpretarse como una aceptación implícita de ello, aunque ambos personajes hayan rechazado públicamente tal afirmación.
La diferencia de trato es políticamente relevante. Mientras en torno a Rocha la Presidencia ha colocado el énfasis en una endeble y contradictoria defensa política con la exigencia de pruebas, pruebas y pruebas, respecto a los otros mandatarios la estrategia parece haber sido menos frontal y hasta como una especie de moneda de cambio.
La ecuación se vuelve todavía más relevante cuando reaparece Andrés Manuel López Obrador. Durante su retiro político, el expresidente afirmó que únicamente regresaría a la discusión pública ante tres líneas rojas que no están en el tablero en estricto sentido: “Si atentaran contra la democracia”… “Si hay intentos de golpe de Estado, si la acosan, salgo”, (En referencia a la presidenta Claudia Sheinbaum), “Si se violara la soberanía, entonces sí saldría a la calle”.
Sin embargo, su intervención en este episodio no parece encajar claramente dentro de esos parámetros más allá de la narrativa defensora, por tanto, su reacción merece una lectura distinta.
No se trataría necesariamente de una defensa personal de Durazo o Villarreal, sino de una respuesta frente a lo que representan dentro de la arquitectura política construida durante su sexenio. Durazo fue el primer secretario de Seguridad del obradorismo y uno de los hombres de mayor confianza del expresidente. Villarreal constituye una de las victorias más emblemáticas de Morena en una entidad históricamente compleja para la oposición que hoy gobierna.
Visto así, los señalamientos dejan de ser un asunto exclusivamente estatal para convertirse en cuestionamientos indirectos a una parte del antecedente político de López Obrador. Su salida pública parecería responder menos a la situación de los gobernadores y más a la percepción de que el cerco se aproxima peligrosamente a su retiro dorado.
La hipótesis más reveladora sería que Washington no esté buscando solamente castigar o exhibir a determinados actores políticos con su narrativa contradictoria, podría estar construyendo una secuencia gradual de presión destinada a modificar decisiones del gobierno mexicano, incluyendo la persecución a un expresidente que no ocultó sus afinidades y cercanías particularmente con ese cartel hoy en el centro de la estrategia de seguridad norteamericana.
Si esa lectura es correcta, Durazo y Villarreal serían piezas visibles de una negociación mucho más amplia o una justificación histórica cuyo centro de gravedad se encuentra en otro propósito que representa mayor valor en este momento, y ese target podría llamarse Rubén Rocha Moya, como pieza central de la escalada contra el cártel de Sinaloa para cimentar una exitosa narrativa de justicia relativa de cara al proceso electoral intermedio estadounidense contra un cártel hoy más que diezmado, sin que los intereses binacionales en torno a este negocio infame se alteren más allá de lo proyectado, donde lo que le falta es la pieza más importante para darle consistencia a este relato potencialmente reposicionador: Un narco gobernador mexicano capturado y procesado junto con los capos más identificados del famoso y temido cártel de Sinaloa, y en estas un ex presidente inexplicablemente auto evidenciado como mejor aliado de este grupo delincuencial.
#ByTheWay
… Destacable la táctica conciliatoria del secretario de educación Froylán Gámez Gamboa, quien con comedida empatía atendiera en la banqueta de las oficinas centrales de la SEC el día de ayer, al contingente de trabajadores de la educación que responden en Sonora a la agenda de la CNTE, que de manera simbólica se movilizan en diferentes puntos de la entidad, respaldando lo que en el centro del país dice gestionar esa organización violenta en favor del magisterio nacional, dándole de pasada un mal nombre ante el mundo a los educadores mexicanos.
Lo cierto es que más que atenderlos, no puede Froylán, dadas las demandas que dependen del ámbito nacional y los hermanos Valenzuela, líderes en Sonora se está haciendo, lo tienen muy claro. Lo destacable es que el secretario de educación lo hace tal como el año pasado lo hiciera, a diferencia de la rectora de la UNISON, Dena Camarena que sigue en modo avestruz: “El Biebrich de la Ley 57” lo hace de frente, con sensibilidad y empatía, sin esconderse ni reflejar distancia con quienes representan una de las razones principales y soporte esencial de su encargo.
Dirán que lo hace por que quiere quedar bien ante potenciales electores… No me imagino mejor manera, pero además, que el año pasado les recibiera y atendiera dde esa misma forma, no habla de alguien aprovechando una coyuntura explotable, sino de convicción personal.
… Me disculpo públicamente con Célida López por no haberle dedicado hoy esta columna en franca correspondencia a la atención que nos brindara a los columnistas, opinólogos y comentócratas de Libre Expresión con quienes el día de ayer compartió sus prioridades laborales y aspiraciones personales, con ese particular y nítido estilo que le caracteriza y define, que sin él definitivamente no fuera ella. La razón es por demás obvia, pero sin duda alguna, a quienes nos siguen y le siguen y nos el hacen favor de su atención, les agradará.
@dparra001

