LA GUAIRA, Venezuela (AP) — Los venezolanos tomaron el viernes en sus manos la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos tras dos potentes sismos consecutivos, señalando que han visto pocos equipos de rescate gubernamentales en las zonas más afectadas, mientras el número de muertos por el desastre subía a más 920 y se reportaban más de 51 mil desaparecidos.
Ciudadanos que excavaban entre los escombros de sus hogares dijeron que han visto pocos equipos de rescate del gobierno en las zonas más afectadas por los devastadores sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que golpearon a última hora del miércoles, pese a que las autoridades proyectan una imagen de una sólida respuesta oficial.
El viernes por la noche, las autoridades venezolanas anunciaron que bloquearían el acceso a La Guaira, el epicentro de la destrucción, debido a que el desorden y el tráfico comenzaban a afectar las tareas de búsqueda. Funcionarios del gobierno dijeron que quienes quisieran entrar ahora tendrían que solicitar permisos oficiales, pero dieron pocos detalles sobre quiénes podrían ingresar.
Por su parte, decenas de equipos de rescate de diversas partes del mundo comenzaban a llegar a Venezuela.
“Cada persona salvada es un milagro”, dijo Jorge Rodríguez, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela.
Familias ansiosas esperan ver si sus parientes sobrevivieron
Familias desesperadas en todo el norte de Venezuela buscaban entre las ruinas de edificios a sus familiares y lo que quedaba de sus vidas.
Nazareth Jiménez sollozaba sobre el hombro de un ser querido cuando observaba a vecinos intentar cortar losas de concreto con martillos y herramientas eléctricas en un edificio reducido a una montaña de escombros. “Dios mío, ¿cómo sacar a toda la gente de ahí?”, murmuró.
Estaba en el estado norteño de La Guaira, al norte de la capital, Caracas, donde se produjo parte de la peor destrucción. Jiménez estaba consumida por la ansiedad cuando esperaba ver si sus hermanos, sobrinos, sobrinas y amigos saldrán de los escombros con vida .
“Hacemos un llamado al gobierno, a los países del mundo, que nos ayuden” manifestó, suplicando por máquinas que fueran capaces de mover estructuras colapsadas. “Todavía hay gente viva”.
Fuerzas del gobierno distribuían comida y agua a los sobrevivientes en La Guaira, mientras que la presidenta encargada Delcy Rodríguez dijo que su gobierno estaba trabajando para montar una respuesta total durante estas “horas críticas para el rescate de las personas vivas”. Dio la bienvenida a la llegada de rescatistas y ayuda humanitaria de todo el mundo. Rodríguez indicó que La Guaira ha sido militarizada y que viene más ayuda, aun cuando los residentes dijeron que era apenas una fracción de la ayuda que necesitaban.
El desastre natural es el último reto para Rodríguez, la exvicepresidenta que asumió el cargo en enero tras la captura del entonces presidente, Nicolás Maduro, por parte del ejército de Estados Unidos. Venezuela enfrenta problemas económicos desde hace más de una década, y muchas personas rechazan la legitimidad del movimiento político que representa Rodríguez.
Se espera que el número de víctimas aumente, y civiles reportaron decenas de miles de personas desaparecidas en bases de datos digitales independientes. Es probable que el número de desaparecidos incluya a quienes han estado incomunicados debido a la falta de señal de telefonía celular en las zonas de desastre. Algunos reportes pueden estar duplicados ya que varios seres queridos podrían estar buscando a la misma persona.
La cifra de heridos subió a más de 3 mil 300 hasta el mediodía del viernes, y las autoridades dijeron que habían rescatado a 243 personas.
Sismos dejan a millones de personas conmocionadas
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) subrayó que hasta 6.76 millones de personas en Venezuela podrían verse afectadas por los sismos, unos 2 millones tan sólo en Caracas. La destrucción se amplificó por el doble golpe de los sismos sucesivos y superficiales, dijeron expertos. Loyce Pace, directora regional de la Cruz Roja Internacional para las Américas, afirmó que “la gente todavía está aterrorizada de volver a entrar a lo que eran sus hogares”.
La desesperación empezó a aumentar el viernes, ya que muchas familias aún no habían encontrado a sus seres queridos desaparecidos, continuaban durmiendo en la calle o lloraban a familiares muertos en el desastre.
“Me quedé prácticamente solo ya en esta vida”, dijo Omar Reyes, quien caminaba entre los escombros donde dos de sus hijos estaban enterrados. Indicó que alrededor de 20 familiares han muerto en el desastre.
En la ciudad de Maiquetía, la gente hacía fila afuera de tiendas, supermercados y farmacias, mientras los negocios atendían a los clientes de uno en uno detrás de puertas cerradas. En un momento, una mujer desesperada por conservar un paquete de pañales entre una multitud se tiró al suelo para protegerlo con su cuerpo.
El tráfico y las multitudes de motociclistas a veces también interrumpieron las tareas de búsqueda. Soldados mexicanos y voluntarios tuvieron que pedir silencio repetidamente para intentar escuchar señales de vida bajo los escombros, pero los motociclistas —civiles y uniformados— a menudo ignoraban las solicitudes, tocaban la bocina y aceleraban sus motores, para frustración de los socorristas.
En Catia La Mar, una comunidad adyacente al principal aeropuerto del país, multitudes de personas comenzaron a saquear bienes básicos como papel higiénico y comida de las tiendas. Otros se agolparon alrededor de una camioneta civil que repartía panes y agua, hasta que un soldado intervino. La gente convirtió el estacionamiento de una farmacia en un refugio improvisado al instalar lonas, hamacas y tiendas de campaña.
A unos cuantos kilómetros de distancia, Yuleidy Cadenas estaba frente a un edificio de viviendas públicas colapsado, observando a otros venezolanos y a equipos de emergencia extranjeros y locales, recién llegados, trabajar entre los escombros. Esperaba que su hijo, su madre y su hermano fueran sacados con vida.
Huyó, descalza, de un edificio cercano que se derrumbaba el miércoles y encontró que la torre de apartamentos de su madre, en el piso 12, se había desplomado como un acordeón. Cadenas, de 28 años, sollozaba al recordar que el viernes era el doceavo cumpleaños de su hijo.
“Yo subí a los escombros y les decía que me gritaran, y no, nadie, ni mi hermano, ni mi hijo, ni mi mamá”, relató Cadenas. “Yo sólo estoy aquí esperando a que los saquen”.
Unos minutos después, un cuerpo fue sacado de los escombros. No era el de su madre.
Ayuda internacional en camino
Las autoridades de Venezuela dijeron el viernes que 861 voluntarios internacionales de México, Estados Unidos, El Salvador, Suiza, Colombia y otros lugares estaban trabajando en Venezuela. Se esperaban muchos más de otros países en las próximas horas y días. La ONU dijo que mil efectivos de emergencia en 25 equipos de búsqueda y rescate de todo el mundo estaban en camino.
La mandataria venezolana dijo que habló el viernes por la tarde con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y que éstos reafirmaron su compromiso de enviar equipos de rescate y equipo de ayuda.
En la principal autopista del país, caravanas de fuerzas estatales, personal de emergencia, camiones de volteo y maquinaria pesada se movían en dirección a la tragedia. Una camioneta civil que transportaba colchonetas tenía sus ventanas marcadas con “Ayuda desde Trujillo” .
TOMADO DE PROCESO.COM.MX

