Olor a Dinero/Feliciano J. Espriella

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“LA SUB-17”: LOS JÓVENES QUE BOURS SOLTÓ AL RUEDO

Eduardo Bours entendió que el viejo priismo sonorense estaba agotado y decidió acelerar un relevo generacional que transformó durante años la política estatal. Algunos sobrevivieron; otros se quedaron en el camino.

Si Luis Echeverría entendió después de 1968 que el sistema necesitaba domesticar a los jóvenes para sobrevivir, Eduardo Bours comprendió algo distinto: el priismo sonorense necesitaba rejuvenecerse porque comenzaba a oler a desgaste y agotamiento político.

Y decidió hacerlo a su manera, sin sofisticaciones ideológicas ni romanticismos revolucionarios. El boursismo fue pragmatismo puro.

Durante su sexenio comenzó a popularizarse en los círculos políticos un término cargado de ironía: la “Sub-17”. El apodo hacía referencia a la selección mexicana juvenil que ganó el Mundial de futbol en 2005 e identificaba a la nueva camada de funcionarios impulsados desde el aparato estatal.

Muchos ocupaban segundas líneas de mando: subsecretarías, coordinaciones y direcciones generales. Pero el mensaje político era claro: el viejo PRI sonorense comenzaba a entregar posiciones a una generación más joven, mediática, agresiva y con mayor capacidad técnica.

Entre los nombres más visibles aparecían Ernesto “El Pato” de Lucas, Epifanio “Pano” Salido, Roberto Ruibal y Flor Ayala. Cada uno representaba perfiles distintos, pero todos compartían pragmatismo político, disciplina interna y una lógica menos ideológica que administrativa. Bours no buscaba formar tribunos. Buscaba operadores.

Aunque algunos suelen incluir a Antonio Astiazarán dentro de esa camada, Toño ya contaba con carrera propia antes del arribo de Bours al poder. Había sido secretario particular del gobernador Armando López Nogales desde 1997 y secretario de Turismo en el año 2000.

Cuando el boursismo tomó el control, Astiazarán no era una promesa emergente, sino un político con estructura y trayectoria propias. Más que una hechura de Bours, funcionó como aliado generacional útil, y quizá eso explica por qué ha logrado sobrevivir a distintos ciclos reinventándose mientras otros quedaron atrapados en el desgaste de grupo.

El boursismo también abrió espacios importantes para mujeres jóvenes que rompían con el molde tradicional del priismo sonorense. Flor Ayala fue la figura más emblemática: desde el DIF Sonora construyó una presencia política propia que le permitió convertirse en diputada local y federal, y mantiene todavía viabilidad política dentro del priismo regional. Susana Corella, Angelina Muñoz y Lupita Gaona también formaron parte de ese relevo.

Todas compartían algo muy característico del estilo Bours: dinamismo, confrontación directa y poca paciencia para las formas ceremoniales del viejo PRI. Meter a Claudia Pavlovich dentro de la “Sub-17” también simplifica demasiado las cosas. Su capital político no nació con Bours: venía desde antes, profundamente ligado al peso histórico de Alicia Arellano y a una estructura política propia que antecedía al proyecto boursista.

Más que una creación de Bours, Claudia supo coexistir y fortalecerse dentro de aquel ecosistema. El tiempo lo confirmó: de toda aquella generación, fue precisamente ella quien alcanzó la gubernatura de Sonora, algo que ninguno de los integrantes de la famosa “Sub-17” logró concretar.

Pero quizá el caso más interesante siga siendo el de Ernesto de Lucas Hopkins. Durante años parecía destinado a ser el heredero natural de esa generación: joven, mediático, hábil para el debate y competitivo electoralmente. Sin embargo, la política sonorense suele ser cruel con los proyectos que pierden estructura de grupo.

Hoy el “Pato” atraviesa un ostracismo político parcial. Sigue teniendo reconocimiento público y capacidad discursiva, pero ya no posee el aparato ni el momento político que lo colocaron como figura central del priismo sonorense. Aunque tampoco sería prudente darlo por liquidado: la historia mexicana está llena de resurrecciones inesperadas. E

El problema de muchos proyectos generacionales es que dependen demasiado de la vigencia del líder que los impulsó. Cuando ese liderazgo se debilita, las lealtades se fragmentan y las trayectorias individuales dependen exclusivamente de la capacidad de adaptación de cada personaje.

Eso fue exactamente lo que ocurrió con la “Sub-17”: algunos sobrevivieron, otros se reciclaron, algunos migraron políticamente y varios simplemente desaparecieron del mapa. Más allá de los nombres, el boursismo dejó algo importante en la política sonorense: instaló la idea de que la juventud podía gobernar, aunque fuera bajo métodos profundamente pragmáticos y verticales.

Aquella generación no transformó necesariamente el sistema político. Pero sí transformó el estilo con el que el poder comenzó a ejercerse en Sonora durante las siguientes décadas.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.