SURREALISMO
De esos hechos que solo suceden en nuestro México lindo y que-herido de los que abordaba en el Encuadre de ayer, nuevamente traigo a colación el caso de doña María Felicia Jiménez, esposa aun del exdirector general de Pemex, Víctor Rodríguez, y cuyo video hecho público, permitió a millones de mexicanos entrar hasta la intimidad de su casa solo para observar, a todo color, cómo era golpeada por su flamante cónyuge.
Con una mezcla de coraje, pesar y congoja difícil de describir, aguanté como los meros machos el video de marras, por un mero interés humano y periodístico, aunque ustedes no lo crean y me endilguen el epíteto de mitotero.
La sangolotiada de la doctora Jiménez abrió la discusión digital: el abuso de poder del golpeador al saberse funcionario, la impunidad, una presunta protección institucional al infractor, la solidaridad de las mujeres, principalmente morenistas, con la esposa maltratada y no menos importante, la opinión presidencial, puesto que se sabía de la relación de amistad de nuestra mandataria con el desquiciado sujeto.
Poco a poco se fueron despejando dudas, y como la justicia debe de ser pronta y expedita, el sujeto fue vinculado a proceso por una jueza por el delito de violencia familiar, dejando por fuera la violencia vicaria, como había sido denunciado originalmente.
Hasta ahí todo muy bien. La justicia caminando, la esposa maltratada arropada por las instituciones y don Víctor, durmiendo en chirona, como debe de ser por energúmeno.
Sin embargo, en un giro inesperado de 360 grados de este drama doméstico, doña María Felicia decidió otorgarle el perdón a su golpeador. WTF. El hecho me tomó por sorpresa. Como dicen los morros: “me quedé de a seis”.
De acuerdo con la juzgadora que lleva el caso, la víctima argumentó que tomó la decisión con el propósito de preservar la seguridad, la estabilidad y el bienestar de su núcleo familiar. Además, manifestó su intención de no continuar con las carpetas de investigación iniciadas en contra de Rodríguez Padilla.
¡Preservar la seguridad, la estabilidad y el bienestar del núcleo familiar! ¿Cómo ven?
Todo este contexto digno de un guión de “Lo que callamos las mujeres” o “La Rosa de Guadalupe” es para llegar al punto: no sé ustedes, pero este inesperado giro “apesta” a presiones y amenazas recibidas contra Doña María Felicia, o de plano, a un arreglo económico extrajudicial sumamente jugoso como para retirar la demanda y otorgar el perdón al acusado.
Un pésimo precedente en contra de las mujeres maltratadas por su marido.
Es decir, el poder económico y político será suficiente -como siempre-, para que un sujeto que guste de golpear a su esposa lo pueda hacer sin problema, puesto que ya sabe el caminito: presionar para que se le otorgue el perdón, per se o por interpósita persona.
De hecho, desde ayer, don Víctor “El Cid Golpeador” Rodríguez, ya duerme como un bebé en su casita de sololoy.
Y Doña Felicia, tratando de preservar la seguridad, la estabilidad y el bienestar del núcleo familiar…a punta de jodazos.
OMG.
¿A poco no suena a surrealismo puro?
ENCUADRE (ANTI) PUBLICITARIO
Hace ya algunos años, a algún genio del marketing político se le ocurrió poner a nadar a uno de los cuatro aspirantes a la candidatura interna al gobierno de Sonora por el PRI. Los jerarcas del tricolor de la época, habían decidido abrir el proceso a la militancia.
En anuncios pagados en televisión–of course- se podía ver a un Alfonso Molina Ruibal cruzando de lado a lado la alberca del CUM, con la elegancia de quien tiene alberca en casa.
Muchos de los que leen estos garabatos conocen a Alfonso. El típico ratón de biblioteca. Sonrosadito, pulcro y de buen vestir, daba la impresión que nunca le había pegado el sol y que de chiquito no jugó ni con su sombra.
La idea de nadar, era, según sus mercadólogos, para hacerlo de carne y hueso, y cercano a las juventudes deportistas.
Fue un rotundo fracaso y el hazmerreir de muchos. Al final, en ese proceso interno Eduardo Bours se impuso a Guillermo Hopkins, Héctor Cáñez y al propio Alfonso Molina. Y lo demás es historia.
Algo parecido le sucedió también a nuestro amigo Gilberto Otero Valenzuela siendo candidato a diputado local. Algún asesor o aspirante a mercadólogo se le ocurrió ponerlo a asar tremendos steaks como para reafirmar su sobrada identidad sonorense y su cercanía con los de a pie. Fue bastante criticado.
Ambos casos vienen a cuento porque lo mismo le está pasando a Javier Lamarque en redes sociales. A una brillante mente de su equipo de asesores se le ocurrió hacerlo caminar sobre una playa agarrado de la mano de su señora esposa, doña Patricia Patiño, rectora de la Universidad Estatal de Sonora, para ganar simpatías y adeptos, tratando de proyectar amor familiar, tranquilidad.
No digo ni tampoco dudo que sea un ser amoroso con su familia, no, nada de eso, pero francamente el video en mención no le abona absolutamente en nada a su narrativa de buscar la candidatura morenista al gobierno del Estado en este 2027. Demasiado posado.
Ojalá no le pase lo que a Alfonso Molina y Gilberto Otero. Sus spots sirvieron como un ejemplo clásico en las aulas universitarias de cómo echar a perder una campaña y no morir en el intento.
ENCUADRE PUNZANTE
1). ¿En qué pararía aquel plan piloto mediante el cual se enviarían a Sudamérica vehículos ensamblados en la planta Ford de Hermosillo, vía puerto de Guaymas, anunciado con bombo y platillo por el gobierno de Sonora en junio del 2024? Me acordé del tema porque ayer se informó de la llegada de quince, sí, ¡quince! cruceros a Guaymas, en lo que resta de este año y el próximo. Ojalá que no sea un anuncio más.
2). El (des) gobierno de Marina del Pilar Ávila en Baja California, va de tumbo en tumbo. No sale de la filtración de un audio conteniendo presunto interés en colaborar con las agencias estadounidenses de combate al narco, cuando de nuevo le achacan otro, más revelador que el anterior. Y una vez más, pone a sufrir y a “parir cuates” a la presidenta Sheinbaum, tratando de justificar lo injustificable, y de paso a su todavía creíble secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
3). Alguien le tiene que decir a Froylán Gámez, aspirante petista al gobierno de Sonora, que no sirve como “fajador”. En su afán de quedar bien, aprovechó en una entrevista para criticar la administración del alcalde hermosillense por el reciente tema del “socavón”, señalando al apellido Astiazarán como uno de los “mismos de siempre que coptaron la política”. ¿No sabrá que el tío del Toño, Carlos Benito, es socio y amigo de muchos años del gobernador Durazo, y empresario consentido de este sexenio? Dicen que el pez por su boca, muere.
IN PROXIMUM
CARPE DIEM
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