T-MEC: LA MUERTE DE LA CERTIDUMBRE
El T-MEC, que nació para ser un puerto seguro de comercio en Norteamérica, acaba de transformarse en un terreno pantanoso. Lo que los empresarios llaman “certidumbre” —saber cuáles serán las reglas del juego en los próximos quince o veinte años— ha muerto oficialmente en la última revisión del tratado. Mientras México y Canadá llegaron a la mesa buscando una extensión automática de la vigencia por dieciséis años, Washington impuso una realidad mucho más dura: el acuerdo solo se garantizó por una década y, lo que es peor, quedó sujeto a revisiones anuales obligatorias.
Lo anterior es un problema descomunal. Que el tratado comercial más importante de nuestro país tenga que “aprobar un examen” cada doce meses frente a un socio mucho más poderoso, es un miura muy difícil de capotear.
El dato clave no es si el tratado sigue vivo, sino cómo el factor tiempo se ha convertido en un arma de presión unilateral de Estados Unidos. Al forzar este ciclo de revisiones constantes, Washington institucionaliza la inestabilidad. Ningún director de una multinacional quiere firmar un cheque por mil millones de dólares para construir una planta en México si no sabe si el próximo año el gobierno estadounidense inventará un nuevo arancel bajo el pretexto de “seguridad nacional”. Este esquema de “desgaste corrosivo” es el veneno perfecto para el nearshoring: las empresas prefieren la estabilidad de su propio territorio antes que la incertidumbre de una frontera que se negocia cada año.
Una empresa que planea a 20 años se lo pensaría dos veces si las reglas pueden cambiar el próximo verano por un capricho electoral en Washington
El campo de batalla más sangriento es la industria automotriz. La oficina del Representante Comercial de EE. UU. (USTR), liderada por Jamieson Greer, tiene una tesis clara: los mexicanos han usado componentes chinos en piezas que declaran como regionales para ahorrarse impuestos. Para corregir esto, están endureciendo las reglas de origen de forma agresiva. Un ejemplo práctico de este impacto es el anuncio de Toyota de trasladar gradualmente la producción de su camioneta Tacoma de Tijuana a San Antonio, Texas. Aunque la empresa dice que mantiene su apuesta por México, el mensaje de fondo es que la presión arancelaria está obligando a las armadoras a “repatriar” producción para evitar represalias de la Casa Blanca.
En este escenario, el “éxito” de nuestras exportaciones de automóviles corre peligro si nuestro socio principal cree que estamos haciendo trampa con piezas asiáticas.
En medio de este caos, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, intenta apagar fuegos enviando mensajes de tranquilidad al sector privado. Su estrategia es técnica: busca eliminar la llamada “Sección 232”, que permite a la unión americana imponer aranceles de emergencia al acero y aluminio mexicanos. Sin embargo, la realidad es transaccional. Washington ya no ve el T-MEC solo como un acuerdo comercial, sino como una palanca para exigirle a México concesiones en temas de energía, migración y seguridad nacional. En resumen, México ya no tiene un contrato de largo plazo, tiene una suscripción mensual que el vecino del norte puede cancelar o encarecer si no le gusta cómo nos portamos en otros temas.
México enfrenta una paradoja: las exportaciones rompieron récords en mayo, pero el crecimiento económico es anémico. El FMI ya recortó su expectativa a un modesto 1.2% para 2026.
Gran parte del éxito exportador viene de ensamblar servidores para Inteligencia Artificial, pero el valor agregado en el país sigue siendo bajo. Además, parte del dinamismo actual es un “espejismo”: empresas en Estados Unidos están adelantando compras para llenar bodegas antes de que posibles aranceles encarezcan los productos.
En el corto plazo, el crecimiento tiene el “freno de mano” puesto por la falta de energía limpia, agua y certidumbre jurídica. Sin reglas claras en el T-MEC, las inversiones de largo plazo prefieren esperar.
Tener récords de ventas no garantiza que el país crezca al ritmo que necesitamos.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima

