Por Julio Gutiérrez
Es verano, los estudiantes salieron de vacaciones y los aeropuertos comienzan a llenarse. Las playas y los principales destinos turísticos del país reciben a millones de viajeros que buscan descansar y aprovechar una de las temporadas más esperadas del año.
Pero mientras las maletas se preparan y las reservaciones aumentan, la ciberdelincuencia está lista para causarle un daño financiero a todo aquel que, por aprovechar una buena oferta, cae en una estafa.
Ya que las vacaciones no comienzan al abordar un avión o salir a la carretera, sino desde el teléfono celular o la computadora cuando las personas buscan vuelos, comparan hoteles, reservan hospedajes, reciben promociones y pagan con tarjeta o hacen transferencias.
Ese recorrido digital es seguido muy de cerca por los ciberdelincuentes, que han perfeccionado sus métodos para aprovechar cada etapa del viaje.
Diversas firmas de ciberseguridad coinciden en que las vacaciones de verano se han convertido en una de las temporadas más atractivas para cometer fraudes digitales. A las tradicionales páginas falsas de aerolíneas y hoteles se han sumado ataques más sofisticados, impulsados por inteligencia artificial (IA), mensajes personalizados, códigos QR maliciosos, falsas líneas de atención y correos que simulan provenir de plataformas de reservación, con el objetivo de obtener datos personales y financieros.
Y a diferencia de un hotel, en Internet no existe un conserje con quien verificar la autenticidad de una promoción: la urgencia por no perder una oferta suele reducir el tiempo que las personas dedican a comprobar que una página o un mensaje sean legítimos.
El problema es que, al ser el propio usuario quien proporciona sus datos bancarios o personales, recuperar el dinero o revertir el fraude es prácticamente imposible.
Importancia del verano
El verano es la temporada de mayor impacto económico para servicios vacacionales, según la Secretaría de Turismo (Sectur), dado que son 45 días de receso escolar, que permite un flujo sostenido de viajeros, activar la demanda de servicios y aumenta el consumo interno.
Para este año, se prevé una derrama económica superior a 900 mil millones de pesos, la llegada de 22.4 millones de turistas a establecimientos de hospedaje y una ocupación hotelera promedio de 65 por ciento, con un dinamismo principalmente en destinos de playa, centros urbanos y pueblos mágicos.
También implica millones de búsquedas de vuelos, reservaciones de hotel, pagos electrónicos y compras por Internet, un escenario que aprovecha la industria turística y también los ciberdelincuentes.
Mario Micucci, investigador de seguridad informática de ESET, explica que los ciberdelincuentes han diversificado sus métodos y recurren a páginas que imitan a aerolíneas y agencias de viaje, alojamientos inexistentes, promociones demasiado económicas, falsas líneas de atención al cliente, códigos QR maliciosos y mensajes vía WhatsApp, correo electrónico o SMS que aparentan provenir de hoteles o plataformas de reservación.
En entrevista, el especialista señala que una de las modalidades de mayor crecimiento es utilizar información real de una reservación –como el nombre del huésped, el hotel o la fecha del viaje– para enviar mensajes personalizados con los que buscan que la víctima confirme datos bancarios o realice un nuevo pago.
“Estos fraudes ya no son necesariamente evidentes”, dice el experto, pues los delincuentes combinan la urgencia, los descuentos, la escasez y la suplantación de marcas reconocidas para reducir el tiempo que las personas dedican a verificar la autenticidad de una oferta.
A ello se suma el uso de inteligencia artificial, que permite generar páginas, anuncios, fotografías y mensajes cada vez más convincentes. Cuando el contacto llega poco después de reservar un viaje o incluye información legítima de la compra, incluso usuarios con experiencia pueden bajar la guardia, explica Micucci.
El factor humano
Los hallazgos coinciden con distintos análisis de Kaspersky, que durante este periodo han advertido un aumento en la circulación de sitios falsos de aerolíneas, hoteles y plataformas de hospedaje, entre otros.
La firma identifica un problema adicional: muchas personas continúan sin verificar la autenticidad de las páginas que visitan o están dispuestas a proporcionar información personal a cambio de supuestas promociones, y facilitan el éxito del fraude digital.
“Los atacantes explotan emociones y circunstancias concretas, como el miedo a perder una oferta, la cancelación de un vuelo o la posibilidad de quedarse sin alojamiento”, expone Micucci.
Si antes las estafas se concentraban en correos electrónicos o páginas falsas, ahora una de las modalidades que más crece es el smishing, una técnica con la que los criminales digitales mandan mensajes de texto que aparentan provenir de bancos, aerolíneas, empresas de paquetería o plataformas de viaje a fin de engañar a las personas y hacer que den información confidencial o ingresen a sitios fraudulentos.
Scotiabank advirtió que este tipo de ataques suele intensificarse durante los periodos vacacionales, cuando los usuarios esperan confirmaciones de reservaciones, cambios de itinerario o notificaciones relacionadas con sus viajes. Esa expectativa facilita que un mensaje falso pase desapercibido y que la víctima actúe sin verificar su autenticidad. Apuntó que los mensajes suelen utilizar un lenguaje de urgencia e incluyen enlaces para “confirmar” una compra, “actualizar” datos o “evitar” la cancelación de un servicio, pero el objetivo es dirigir a las personas a páginas apócrifas donde entregan sus datos bancarios o personales, una modalidad que se ha convertido en una de las formas más frecuentes de fraude digital durante las temporadas de mayor movilidad.
Antes de hacer las maletas
Micucci recomienda realizar las reservaciones únicamente desde las páginas o aplicaciones oficiales de aerolíneas, hoteles y plataformas de hospedaje, no confiar de enlaces enviados por mensajes de texto, correos electrónicos o redes sociales, así como verificar directamente con el establecimiento cualquier solicitud de pago o actualización de datos antes de realizar una transacción. “Cuando el mensaje contiene información real de una reserva o llega justo después de comprar un viaje, incluso una persona informada puede bajar la guardia. El problema no es únicamente la falta de conocimiento, sino que los atacantes explotan emociones y circunstancias concretas, como el miedo a perder una oferta o quedarse sin alojamiento”, advierte Micucci.
Scotiabank recomienda desconfiar de mensajes de texto que soliciten confirmar reservaciones, actualizar datos personales o realizar pagos mediante enlaces, una práctica conocida como smishing y aconseja corroborar cualquier solicitud exclusivamente por los canales oficiales antes de compartir información financiera.
TOMADO DE JORNADA.COM.MX

