Olor a Dinero/Feliciano J. Espriella

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Olor a Dinero/Feliciano J. Espriella

 

VIVIENDA EN SONORA: MUCHO DISCURSO, POCA OBRA

La CTM en Sonora denuncia que, pese a los recursos anunciados para el Plan Nacional de Vivienda, miles de trabajadores continúan esperando la casa prometida. En algunos desarrollos, el avance es mínimo; en otros, simplemente no existe.

El dirigente estatal de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Sonora, Javier Villarreal Gámez, ha expuesto una realidad que contradice el discurso oficial sobre el Plan Nacional de Vivienda. Mientras las autoridades hablan de bienestar y justicia social, en el terreno el motor de la vivienda social del estado está prácticamente detenido. Sonora arrastra un rezago habitacional de más de 200 mil casas para la clase trabajadora, y el retraso en las obras no es un simple problema de trámites: es una crisis de credibilidad que golpea al gobierno federal y, de manera directa, a miles de familias que siguen esperando un techo propio.

El primer frente afectado es la imagen de la llamada “Cuarta Transformación” y, en particular, de la presidenta Claudia Sheinbaum. El Programa Nacional de Vivienda fue presentado como el proyecto insignia de justicia social del sexenio: un plan coordinado entre la federación, el Infonavit y el gobierno de Sonora que proyectaba entregar 30 mil viviendas para septiembre de 2027, con un arranque de 2,400 casas respaldado por una inversión de mil 300 millones de pesos. La brecha entre esa promesa y la ejecución real, sin embargo, es enorme.

Los datos presentados por la central obrera lo confirman. En Hermosillo, el desarrollo Altares Sur contempla 912 viviendas y solo tiene 32 terminadas; Monteseris proyecta 1,548 unidades y no ha concluido ninguna. Según la CTM, los recursos financieros del Infonavit son más que suficientes, lo que hace que esta parálisis resulte todavía más incomprensible. La ineficiencia administrativa desgasta la narrativa oficial: la maquinaria institucional está fallando en entregar la obra más elemental de su propia agenda social.

El segundo frente, y el más doloroso, es el impacto humano. Detrás de cada cifra de rezago hay un empleado de maquiladora o un trabajador de servicios que sigue pagando rentas elevadas o vive en hacinamiento mientras espera usar su crédito del Infonavit. En el norte y noroeste de Hermosillo, donde se concentra la mayor fuerza laboral de las maquiladoras, la construcción de vivienda ni siquiera ha comenzado.

A esto se suma una planeación que ignora la vida cotidiana de las familias. En Cajeme, Navojoa y Agua Prieta, los desarrollos se ubican en zonas agrícolas o fuera de las áreas urbanas, alejados de los centros de trabajo, sin transporte eficiente, escuelas ni infraestructura suficiente. El derecho constitucional a una vivienda digna no puede quedar sujeto a una planeación tan deficiente. Resulta aún más inaceptable que los retrasos se justifiquen alegando que las constructoras foráneas contratan personal del sur del país que termina abandonando el trabajo por el calor extremo de Sonora, en lugar de priorizar a empresas y mano de obra locales que conocen el territorio y sus condiciones.

La paciencia de la clase trabajadora tiene un límite. Mientras algunos actores políticos locales buscan capitalizar el tema para sus propias aspiraciones, la CTM en Sonora ya advirtió que no permitirá que este proyecto siga frenado. El Infonavit tiene la obligación de reactivar de inmediato el flujo de recursos y rendir cuentas claras. De lo contrario, la promesa de bienestar habitacional corre el riesgo de convertirse en otro monumento a la simulación gubernamental, mientras el obrero de Hermosillo sigue pagando renta porque su desarrollo, en los hechos, está en ceros.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.