NO INSULTEN AL GOBERNADOR
Varios colegas me han externado una serie de hipótesis con las cuales pretenden explicar la aparición de Célida López como una aspirante a la candidatura de Morena para competir por la gubernatura el 2027.
La versión que se repite de manera constante es que la aguerrida titular de Sagarhpa Sonora se “brincó” las trancas y se lanzó a la Ciudad de México donde luego de tocar varias puertas, finalmente consiguió ser incluida en la lista de aspirantes a la candidatura, aunque eso vino a generar un caos en un tema que estaba ya decidido.
Quienes promueven esta hipótesis apelan a la rebeldía que ha mostrado la señora López Cárdenas y que en otras ocasiones le dio buenos réditos; esta narrativa también la posiciona como una mujer indisciplinada con sus jefes, que no se sujeta a directrices políticas y menos cuando sus intereses van de por medio.
Por supuesto que el estilo atrabancado y a veces muy directo que tiene Célida López, contribuye a darle verosimilitud a esas versiones que intentan dibujar un perfil que no se sujeta a las órdenes y que finalmente no juega en equipo.
Pero hay un punto en toda esa narrativa que no pueden explicar: ¿Cómo queda el gobernador Alfonso Durazo?
Si Alfonso Durazo fuera un gobernante rebasado por sus colaboradores, podría entender que alguien se le rebele y hasta se le indiscipline y no siga un proyecto trazado; si se tratara de un gobernante al que se le enreda la piola pues también tendría algo de credibilidad esa versión.
Pero resulta que Alfonso Durazo es un gobernante que tiene el respeto de sus colaboradores y que en más de una ocasión ha demostrado con acciones que no acepta deslealtades, indisciplinas y menos rebeliones; de ninguna manera se puede considerar que sea un Gobernador que deje hacer y deje pasar, creo que es al contrario y en materia de decisiones político-electorales es un estratega al que le gusta jugar con sorpresas y con movimientos inesperados.
No hay que insultar la inteligencia y el liderazgo que tiene Alfonso Durazo con sus colaboradores y con aquellos que aspiran a ser candidatos; hacerlo es minimizar su capacidad como operador electoral y es desestimar que al final de cuentas tiene las herramientas para construir candidatos triunfadores.
De ninguna manera creo en esas versiones que hablan de una Célida López desbocada e impulsada solamente por sus ambiciones personales; menos la veo como una indisciplinada y rebelde a su jefe quien en más de una ocasión le ha dado oportunidades para que tenga reflectores que le permitan lucir.
Prefiero quedarme con la hipótesis de que el surgimiento de nuevos perfiles que aspiran a la candidatura es más una estrategia que intenta cubrir al “caballo negro”, que no sería otro que el alcalde de Cajeme, Javier Lamarque Cano; pero también es una buena forma de haya distractores que obliguen a la oposición, periodistas y analistas políticos a poner los ojos en otras figuras y con ello le quitan presión a quien sería el elegido.
Pero igual, puede ser un acicate para que los llamados Plan A y B (Javier Lamarque y Lorenia Valles, respectivamente) no se tiren en la hamaca y den por hecho que solamente son ellos los que están en la carrera.
Lo decíamos en la columna del miércoles 4 de febrero, y lo repetimos ahora: no hay evidencia que lleve a pensar en un Alfonso Durazo que permita le crezcan los enanos o que les abra la pista a quienes mediante presiones intentan correr por la candidatura.
Insisto, eso es insultar el liderazgo, las habilidades políticas y la inteligencia de Alfonso Durazo quien está obligado a rendir buenas cuentas electorales en Sonora si es que desea irse al gobierno federal.
Usted, lector o lectora, que versión le parece más idónea para explicar este abundante cardumen de aspirantes a la gubernatura.
LA ILUSIÓN DEL SALARIO MÍNIMO… Uno de los logros que presume en mayor medida el gobierno federal es el incremento al salario mínimo, que al final de cuentas no solamente beneficia al trabajador, el mismo gobierno recibe mayor dinero en las cuotas que los patrones y los trabajadores deben aportar al IMSS.
La medida, en términos generales es buena porque incrementa los ingresos de una clase trabajadora tradicionalmente condenada a ver aumentos irrisorios en su salario y a estar condenada a jornadas laborales que no se retribuían de manera justa.
Y si bien es un logro, no es de la dimensión que presume el gobierno actual y el anterior.
Vayamos a los números.
El 2018, cuando finalizó el sexenio de Enrique Peña Nieto, el salario mínimo era de 88 pesos con 36 centavos, así lo tomó Andrés Manuel López Obrador y al llegar al 2026 creció hasta llegar a los 278 pesos con 60 centavos.
Del 2018 al 2026, esa retribución laboral tuvo un incremento del 215 por ciento, incluso si se le resta la inflación para determinar la capacidad adquisitiva del trabajador que recibe el salario mínimo, tenemos que el resultado es muy positivo pues queda un incremento real del 156 por ciento, nada mal.
Hasta ahí todo parece muy bien, pero ahora veamos otras realidades económicas: de acuerdo al Inegi, es decir datos oficiales verificables, la tasa de trabajo en la informalidad en México es del 54.6 por ciento, eso significa que más de la mitad de los trabajadores no cotizan en el IMSS, no pagan impuestos y por tanto tampoco reciben un salario mínimo.
El único dato oficial válido para dimensionar el impacto que tiene el incremento en el salario mínimo, lo proporciona el IMSS y lo encontramos en las cifras que indican el número total de beneficiados que tiene afiliados con esa tasa de remuneración.
En ese sentido, a diciembre del 2025, el número de personas registradas por sus patrones con el salario mínimo ante el IMSS llegaba a la cifra de 319 mil trabajadores y por más que esa cifra pudiera crecer no hay proyecciones que pronostiquen que esa cifra llegue a los 500 mil trabajadores registrados.
Si consideramos que en el IMSS hay más de 22 millones de trabajadores afiliados hasta diciembre de 2025 y que el promedio de salario es de 630 pesos, queda claro que en términos reales el impacto es mínimo y que los patrones no son tan explotadores como algunos afirman.
