El Zancudo/Arturo Soto Munguía

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El Zancudo/Arturo Soto Munguía

 

CAMPAÑAS GUANGAS

El pasado tres de marzo comenzaron las campañas electorales de candidatos a cargos de elección federales.

No hay una herramienta confiable para determinar si a lo largo de estos días se ha movido un solo punto en las preferencias electorales pero a juzgar por la única herramienta disponible que es el sentido común, diríase que entre el aburrimiento y el ridículo, lo único que puede suceder es que la concurrencia a las urnas el próximo dos de junio sea muy similar a la registrada en 2021, es decir, muy baja.

El escenario encierra una paradoja. Los partidos políticos en disputa saben que cuentan con un voto duro muy bien localizado, estudiado, medido; también un voto ‘blando’ que eventualmente cruza las boletas a su favor, pero igual puede  hacerlo por otra opción.

En número gruesos, digamos que existe además un voto ‘inerte’, ese que jamás será depositado en las urnas por las razones que quieran y manden: desencanto, escepticismo, irresponsabilidad, ausencia de compromiso, ‘hueva’ o simple y llanamente porque la gente no se siente partícipe de eso que pomposa y reiteradamente la clase política llama en su retórica ‘las tareas de construcción de la democracia’. Les vale madre, para decirlo coloquialmente.

El asunto es que históricamente ese voto se encuentra entre un millón y un millón 200 mil sonorenses que no acuden a las urnas bajo ninguna circunstancia.

Veamos: si aproximadamente un millón de votantes son los que acuden a la cita con las urnas, más o menos la mitad se ha decantado por Morena; un 30 por ciento por la coalición PRI-PAN-PRD y el resto por otras opciones como podrían ser el PT y MC, señaladamente.

No se advierte que en la próxima elección esa proporción tenga variantes significativas, a menos que se encuentre la fórmula para convencer a un diez o quince por ciento de los ciudadanos en lista nominal para que vayan a votar, es decir, a unos 200 mil sonorenses que podrían mover el resultado electoral.

Sin embargo, considerando lo que hoy están haciendo los candidatos y candidatas en campaña, eso se avizora muy remoto.

Cierto que esos pequeños ejércitos de proselitistas andan recorriendo colonias y mercados, plazas y jardines, calles y ejidos; tocando puertas y repartiendo volantes, sonrisas y abrazos; deleitándonos con bailecitos y proezas de stand-up; besando adultos mayores y cargando niños chamagosos en cartolandia.

Fórmulas, como se sabe, trilladísimas y que hasta ahora poco han servido para mover los índices de concurrencia a las urnas.

Lo más llamativo hasta el momento han sido algunos escarceos verbales, ciertas zacapelas retóricas y dos o tres señalamientos flamígeros que entretienen al círculo rojo, a ese reducido sector de la población que suele estar pendiente de estos temas en las redes sociales y que por supuesto, ya tienen muy definido el sentido de sus votos. Allí no van a sumar otras simpatías, al menos no de manera significativa.

Si algo ha marcado hasta ahora las campañas electorales en Sonora ha sido la ausencia de propuestas y la pobreza de un discurso que se centra en la descalificación del adversario, las amenazas veladas o las baladronadas que, insisto, entretienen mucho al círculo rojo, pero a la mayoría de la población no le despiertan más allá de un mohín de desprecio.

No son muchos los candidatos y candidatas que por estos días pueblan las redes sociales tratando de posicionar sus rostros y sus nombres mediante esas trilladas fórmulas de aparecer muy ‘cool’, muy cercanos al pueblo, tanto que hasta se le acercan sin nada de asco, aunque por ahí traigan entre su séquito de ‘voluntarios’ a un Director o Directora de Suministro de Productos Antiscépticos (generalmente un barbero (a) que los baña de gel antibacterial para evitar algún contagio de algo, no vaya a ser que uno de esos chamacos les haya pegado un moco cuando lo cargaron en brazos). Wácala.

Tengo la impresión de que el candidato o candidata que logre convencer a ese quince o veinte por ciento de los electores que usualmente no acuden a las urnas, tendrá asegurado triunfos y remontadas.

El problema es que hasta ahora, ninguno ha dado muestras de traer en sus alforjas las herramientas para ese convencimiento.

Lo que sí traen, algunos y algunas, es una pesada carga de frivolidad y fingido ‘buenaondismo’ que quizá se encuentre, a la postre, con ese golpe de realidad que suele llegar el día de la elección, trastocando las sonrisas en muecas de incredulidad cuando no de desprecio hacia ese pueblo que les agarró todas las despensas, utilitarios y hasta billetes, pero no votó por ellos ni por nadie.

Claro, para muchos, el voto duro, cautivo y/o coaccionado les será suficiente para alzarse con victorias que serán celebradas por todo lo alto, aunque para más de la mitad de la población tales triunfos sigan significando nada.

II

Mientras tanto, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador visitó Sonora por enésima ocasión, ahora para supervisar el proceso de transferencia del sistema de salud estatal al federal, en lo que corresponde a infraestructura y prestación de servicios.

Por ser temporada de veda electoral, el presidente omitió aparecer en eventos públicos y junto al gobernador se limitaron a sostener reuniones con representantes del sector salud.

Eso sí, allí se firmó un convenio para la posesión compartida para la transferencia de bienes muebles e inmuebles y se estableció la forma de colaboración en materia de personal, infraestructura, equipamiento, medicamentos y demás insumos asociados a la prestación gratuita de los servicios de salud para personas sin seguridad social.

Los inmuebles que pasarán a la administración federal son 112 y se constató la conclusión al cien por ciento de la transferencia de nómina de 2 mil 402 empleados federales, de un total de 4 mil 420 que se contemplan en ese proceso.

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