!UUUUUUUUUUUN TRICICLOOOOOOOO!
Misteriosos son los caminos de la visibilización; ignotos sus destinos.
En algún lugar de Sonora de cuyo nombre sí quiero acordarme pero a veces me gana la risa, cuando no la pena ajena, gobernaba un hombre magnánimo y sincero; cumplidor como el venado, caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños e implacable con los malvados, y no era Kalimán.
Características todas ellas que levantaron el oleaje del furor ciudadano de tal manera que en tres ocasiones, su pueblo se volcó en las urnas para elegirlo como su gobernante.
Pero una vez, convencido de que el fundo legal del municipio ya le quedaba chico y que sus superpoderes le daban sobradamente para aspirar a gobernar un reino más grande porque tanta capacidad no podía quedar circunscrita al pacífico, próspero y desarrollado pueblo que lo aclamaba en cada paso que daba, decidió dar el definitivo para ampliar sus horizontes políticos porque tanta pujanza, paz y esperanza no podían ser privilegio solo de los habitantes de su feudo, que en la definición clásica se describe como “el territorio o dominio que un monarca o señor noble entregaba a un vasallo durante la Edad Media. A cambio de esta concesión, el vasallo juraba fidelidad, pagaba tributos y ofrecía apoyo militar y político al soberano”.
Claro que para lograr ese objetivo el vasallo estaba obligado a demostrar que su visión de estadista tendría que remontar todas las fronteras, alentado desde luego por el consejo del soberano en el sentido de que si alguien quería trascender en los anales de la historia, debería escalar su creatividad, mostrar al mundo que estaba listo para afrontar retos mayores y articular acciones y propuestas que visibilizaran sus potencialidades.
Fue así que un día, iluminado por una epifanía convocó a todos los medios de comunicación, cámaras y micrófonos incluidos para anunciar un programa que revolucionaría todas las políticas públicas en materia de agua potable, un tema que por cierto en el feudo que gobernaba tiene desde hace años un problema de sequía de dimensiones bíblicas.
Así fue como Javier Lamarque inauguró, con arcos triunfales, listones de colores que caían en el chasquido de las tijeras apenas opacados con la algarabía popular, las porras y vivas del sediento pueblo, un bebedero en Palacio Municipal.
No, señores, no minimicen este grandioso evento, ya que se trató solo del inicio de una visionaria política pública que ya cuenta con otros dos bebederos, uno fuera de las oficinas del organismo operador de agua potable y otro en la comandancia de policía, donde siempre hace falta un traguito de agua, ya para la cruda, ya para los nervios. El tema no es menor, porque los tales bebederos no solo sirven para saciar una sed pasajera, sino que brindan la opción de llenar termos y botellitas para la sed que venga más adelante.
El resto de los municipios en el estado no podían quedarse al margen de esa y otras acciones del alcalde, así que antes de que el instituto electoral (minúsculas deliberadas) diera el banderazo de arranque a las precampañas electorales, el señor Lamarque tuvo otra epifanía en la que se vio recorriendo el estado promocionando la pujanza de Cajeme para documentar lo que podría pasar en todo Sonora si llega a ser gobernador, una posibilidad que, créanme, es real.
Así empezaron los llamados Foros por la Transformación y luego los Encuentros por lo mismo para llevar hasta los más recónditos lugares del Sonora Profundo su proyecto de gobierno, sin que fuera una campaña adelantada, sino solo otro acto de magnanimidad con que el alcalde diga a la ciudad y al mundo que está listo para nuevos retos.
Como hay por ahí todavía algunos escépticos y no pocos incrédulos, ayer el señor Lamarque anunció que solicitará licencia el próximo 6 de junio para, ahora sí, despojarse de las ataduras que lo limitan como servidor público para visibilizar su trabajo y comenzar a proyectar el modelo cajemense de gobierno.
Lo hace no solamente antes de la fechas establecida por su partido para esos efectos, sino muchísimo antes de que la autoridad electoral dé el banderazo de arranque a las precampañas, pero esto último sale sobrando, porque la tal autoridad electoral ronca profundamente dormida en el plácido vaivén de la hamaca presupuestal donde sigue sumergida en un sueño en el que no es ni agua ni pescado.
Pero bueno, un estadista de la talla de Lamarque no puede fincar sus esperanzas en dos o tres bebederos, por más sustentables que sean, así que ayer mismo, se encargó de publicitar otra acción de impacto social de dimensiones descomunales.
La nota que consigna el hecho nos cuenta que el alcalde acudió personalmente (en persona, faltaba más) y lo documenta con una fotografía, hasta la populosa colonia México, levantada sobre esa otrora feraz tierra que en los años 70 llenó nuestros veranos infantiles con las monedas contantes y sonantes que nos pagaban por llenar las sacas en las piscas de algodón, para entregar, desmáyese, piscadora lectora, pedalista lector, un triciclo.
Se los juro. La nota apareció en varios medios impresos y por supuesto en los digitales, porque no es cualquier cosa que un presidente municipal que quiere ser gobernador, se lleve a todo su aparato de comunicación, para consignar el hecho más histórico que inédito, de entregarle un triciclo a una señora que hasta antes de ese glorioso día, tenía que llevar sus mercancías al tianguis en una carreola.
Vamos bien.
II
Pero mejor pasemos a cosas serias. A políticas públicas que sí se traducen en bienestar para miles de sonorenses, como fue la entrega de apoyos para 16 mil familias vulnerables de todo el estado, que con una inversión de 200 millones de pesos encabezó el gobernador Alfonso Durazo.
Se trata del programa de Fortalecimiento Económico para Familias Vulnerables, que a partir de ahora recibirán un apoyo de 2 mil 500 pesos bimestrales a través de una tarjeta electrónica bancaria.
El evento se llevó a cabo en la Arena Sonora, donde apenas hace dos días el gobernador entregó apoyos por 31 millones de pesos a jóvenes estudiantes deportistas y ahora, acompañado del secretario del Bienestar, Fernando Rojo de la Vega, arrancó la entrega de esas tarjetas, que solo en Hermosillo suman 4 mil.
No lo sé, pero el día en que el gobernador anuncia la dispersión de 200 millones de pesos para las familias más vulnerables y recuerda que en lo que va de la administración estatal se han dispersado más de 3 mil mdp en becas estudiantiles, o que el gobierno federal dispersa este año más de 20 mil mdp en programas sociales, al alcalde de Cajeme se le ocurre anunciar con bombo y platillo que solicitará licencia para competir por la gubernatura, llevando carta de presentación la entrega de ¡Un triciclo!
Esto no es surrealismo. Es hiperrealismo, porque estos personajes existen, tal cual.
III
No quisiera despedir esta columna, la última de la semana, sin compartir con ustedes el presentimiento de que el programa “Algo en la bola” que viene desarrollando la bragada dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Natalia Rivera, tiene en ese nombre su antítesis, es decir, está dedicado a los que no traen nada en la bola.
No sé si Natalia ya sabía del triciclo famoso, pero en la conferencia de ayer se refirió a la ausencia de instituciones que pongan el ojo en temas del uso adecuado de recursos públicos, es decir, las presunciones de corrupción que no dejan bien parado a Sonora, mucho menos si, como en el caso de Cajeme, la danza de los millones se quiere escamotear con la entrega de un triciclo.
En fin, el tema da para más, pero el espacio se agota y luego volveremos sobre este tema, que no toca solo a los organismos encargados de la fiscalización presupuestal, sino también la electoral, donde nomás se oyen los ronquidos del pesado sueño.
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