VÍCTOR GUERRERO: PRESO POLÍTICO O DUDOSO TROFEO SEXENAL?
Si algo me consta en el caso de Maestro José Víctor Guerrero González, hoy extrañamente aún recluido en el Cereso uno de Hermosillo bajo una acusación por demás inconsistente por parte de la fiscalía del Estado, presuntamente generada por su actuación como secretario de educación en el gobierno de una distante y ausente Claudia Pavlovich, hoy embajadora de Morena en Panamá, es su pulcritud, eficiencia y buen juicio como funcionario público.
A eso le añadiría un aspecto definitorio de la historia personal de Víctor que también le retrata en muchos sentidos como un hombre de alta calidad moral y valores sólidos: su origen personal y su excepcional situación familiar que marcó su formación desde la infancia.
Víctor nació en el seno de una familia que logró salir adelante bajó una singularidad poco común: su padre nació invidente y eso no resultó en impedimento para formar una familia en tiempos en donde la discapacidad era poco atendida y mucho menos entendida.
Hace algunos años, coincidimos en funciones en un programa mediante el cual la asignación de las plazas docentes empezó a realizarse por concurso y bajo procedimientos transparentes exhaustivamente observados tanto por la sociedad civil, como por todos los niveles de autoridad.
En una de esas ocasiones que tuvimos la oportunidad de darnos un respiro en los procesos de asignación que nos permitió conversar como buenos compañeros, me confió cómo había sido su formación personal, lo cual me dio una perspectiva muy clara con respecto de la disciplina y alta eficiencia con los que le vi conducirse profesionalmente, en ese momento en calidad de delegado de la Secretaría de educación pública en Sonora.
Recuerdo que me compartió en una confianza algo que espero no estar contraviniendo, refiriéndome al como el orden al interior de su casa era vital para la movilidad de su padre, quien se conducía con base en un mapa mental que, ante la menor alteración, le resultaba costoso a su integridad al no poder evitar tropezar y tener alguna consecuencia con ello.
A eso habría que sumarle que el señor era un hombre productivo, tanto como para sacar adelante una familia de cinco integrantes donde desde temprana edad, como equipo en la entonces pequeña comunidad de Empalme, los hermanos coordinados por su madre a la par con ella misma comercializaban lo que se producía desde casa.
Guerrero, tal como su apellido lo consigna, es un hombre producto de la cultura del esfuerzo, forjado con valores sólidos desde la resiliencia de una típica aunque singular familia sonorense, que se abrió paso al servicio público desde su primordial profesión como maestro de educación primaria, quien continuó preparándose en su crecimiento profesional y se formó en el servicio público desde su militancia en el PRI, destacando y escalando como buen mexicano aspiracionista para ocupar puestos importantes en la administración estatal y federal, así como en la vida partidista, ahora que caigo en cuenta, de manera muy parecida al hoy Gobernador Alfonso Durazo, por cierto, y creo que hasta le gustan los perros también.
No pretendo con esto más que justificar mi opinión inicial para coincidir con las apreciaciones que hiciera este ex secretario de educación en Sonora que considero injustamente procesado bajo secuestro por parte del estado representado por su fiscalía, una especie de preso político que pareciera servir de trofeo para justificar alguna torcida entelequia en aras de una estéril descalificación partidista de la cual siento a Durazo hasta ajeno y diré por qué.
Si algo distingue a mi tío poncho es una inquebrantable actitud institucional a prueba de balas, así como también un arrojo político de similar blindaje que le ha llevado incluso a enfrentar a un presidente de México en funciones junto con todo y su mini alter ego de alcoba, donde saliera con la mano en alto posicionándose como caro agente libre con los altibajos que supone la rara combinación de la audacia con la institucionalidad.
Es por ello que le hemos visto defender la actuación de sus fiscalías, por evidenciadas que hayan quedado en este innecesario embrollo con el que se han enredado mostrando menos talento que obstinación al atentar contra personas igual de institucionales que el gober, como en el caso de Víctor o su eventual compañero de infortunio hoy libre, aunque confinado a Hermosillo, vinculado a proceso.
Volviendo a esa defensa, tal vez contrariado por la disonancia moral que supone el tener que respaldar algo, quiero pensar, con lo que no se está del todo de acuerdo, como dicta la frecuentemente pesada carga de la institucionalidad, vimos al gober no una, sino dos veces arrebiatadas en una entrevista banquetera en las inmediaciones de la hoy fortaleza de gobierno, referirse a su secretaría de educación y cultura como secretaría de educación pública al cuestionársele por las afirmaciones de otro ex secretario de educación incluido en esta paparrucha, lo cual en circunstancias de menor presión resultaría inconvenientemente revelador.
Si usted leyó la carta con la que Guerrero después de cuatro meses de secuestro rompe con la institucionalidad que le caracteriza, además de la entrevista que diera su abogado la mañana de ayer en reporte 100 con Juan Carlos Zúñiga, seguramente coincidirá con la irreverencia de mis referencias a este tema, ambas publicadas en mi fan page de facebook @En3y2p.
Cierro invitando al gober a hacer lo propio rompiendo con ese llamado a la justificación frecuentemente incoherente a la que obliga la institucionalidad a hombres buenos a contravenir sus propios valores, y ordenarles a sus presuntamente independientes fiscalías dejar de aplazar, abusar de su poder y darle mala imagen a su gobierno. Si no tienen algo mejor, que es de dudarse, lo mejor que pueden hacer es desistirse y reparar los daños, que nos son menores.
Contacto: @dparra001 @En3y2p

