MÁS ALLÁ DEL TÍO RICHIE: LA PONDERACIÓN DEL VOTO
La polémica desatada por Ricardo Salinas Pliego, a partir de su propuesta de retirar el derecho al voto a beneficiarios de programas sociales, bien puede entenderse más como una provocación al debate que visibilizó así nuevamente la polarización que caracteriza a nuestra clase política, a la par que expuso una evidencia normalizada que muchos de sus críticos omiten siquiera mencionar: el uso de la pobreza como instrumento político desde el poder.
Es cierto que, en los devaluados términos constitucionales actuales, la propuesta resultaría inviable y confrontaría con el principio del sufragio universal, el cual es de reconocerse pero también de ajustarse ante una añeja realidad fincada en el clientelismo y otra más actualizada, en el secuestro de las voluntades, sustentadas ambas en la pobreza y su hermana gemela, la ignorancia.
Resalta en esto que, la rapidez con la que se descalifica esta sugerencia, contrasta con la irreflexiva tolerancia o resignada normalización de prácticas que, en los hechos, inciden en la orientación del voto. Bajo el discurso de la justicia social, los programas públicos han generado mecanismos que no solo atienden carencias, sino que también construyen vínculos de dependencia política. En ese punto, la crítica de Salinas Pliego, provocadora, incluso disruptiva, toca la sensible fibra de la frontera difusa entre política social legítima y clientelismo electoral.
Las voces que han reaccionado con mayor severidad, incluidas aquellas cercanas a la entelequia democrática promovida por López Obrador, apelan correctamente al carácter inalienable del voto, pero omiten discutir las condiciones materiales en las que este se ejerce. En contextos de alta vulnerabilidad, donde amplios sectores dependen de transferencias del Estado, la libertad electoral no está garantizada. No se trata solamente de coacción directa, que documentado está de diversas maneras, sino de un entorno donde la dependencia, la expectativa de continuidad o el temor a la pérdida de apoyos pueden incidir en la decisión política.
Aquí es justamente donde se pone interesante este tradicional dilema ético: Se defiende, digamos que con razón, la universalidad del sufragio, pero se evita cuestionar la calidad real de ese voto cuando está mediado por condiciones para su ejercicio principalmente ligadas al interés de la partidocracia, que soslayan su calidad.
La acusación de elitismo contra Salinas Pliego pierde fuerza cuando quienes la enuncian soslayan que la instrumentalización política de sectores vulnerables también implica una forma de distorsión democrática. La noción de “analfabetismo democrático”, no señala una incapacidad intrínseca del ciudadano, sino la ausencia de condiciones para ejercer un voto plenamente informado, autónomo y crítico.
En este contexto, aparece una alternativa intermedia, tan polémica como intelectualmente sugerente: el voto ponderado. No se trataría de eliminar el derecho al voto, sino de modular su peso relativo bajo ciertos criterios. Todos votarían, pero no todos los votos tendrían el mismo valor específico. Por ejemplo, podría plantearse que quienes son beneficiarios directos de programas sociales tengan una ponderación reducida (hipotéticamente, un 20% del valor pleno), o que la obtención de la credencial para votar, emitida por el Instituto Nacional Electoral, esté vinculada a la acreditación de conocimientos cívicos básicos mediante evaluaciones estandarizadas, entre otros criterios que signifiquen independencia y probidad personal.
Es de cuestionarnos el que, si la democracia no solo es un mecanismo que culmina con el depósito y conteo de boletas electorales, sino también de calidad deliberativa, entonces el diseño institucional debería ser capaz de incorporar filtros que privilegien un voto informado y menos susceptible a presiones indirectas. Sin embargo, el terreno es resbaladizo en un ambiente institucional como el nuestro… ¿Quién define esos criterios? ¿Cómo evitar que se conviertan en herramientas de exclusión o manipulación desde el propio poder?
Más que una propuesta lista para implementarse, definir el voto ponderado como herramienta de estimulación cívica para la construcción de una democracia menos manipulable, funciona como un dispositivo crítico que obliga a replantear una premisa que rara vez se discute: que la igualdad formal del voto no necesariamente garantiza su libertad sustantiva. El verdadero problema no parece ser, como sugiere la reacción inmediata, quién vota, sino bajo qué condiciones se construye ese voto y qué tan libre es realmente de las estructuras que lo rodean.
Agregaríamos que es un hecho que instrumental e institucionalmente, tenemos lo que se requeriría para construir en México una cultura democrática de alto perfil y por tanto mejores gobiernos para mayor bienestar de los mexicanos, el problema es que a los partidos políticos, que son quienes en última instancia legislan y gobiernan, y por tanto tienen la última palabra en el actual esquema estructural fallido de simulaciones, les conviene, a todos ellos, mantener las cosas como están y, de ser posible como con lo que planteaba el intento fallido de reforma electoral reciente, aún peor. Ellos son nuestro principal problema actual, siempre lo han sido y todo apunta que lo seguirán siendo, a menos que emerjan más figuras como Ricardo Salinas, no necesariamente él, pero si no hay otros hasta él, si con ello de esa manera pudiera romperse con el modelo partidócrata que nos mal gobierna, para instalar algo distinto, en estas no ideal, pero si como punto de partida de otros equilibrios menos dispersos y ominosos que nos mantienen secuestrados como el país que somos ante el que pudiéramos ser.
#ByTheWay
… El desenlace descafeinado Plan b light impulsado por el gobierno en turno de extensión de mandato revela, más que un intento por sacudirse a los parásitos de los partidetes verde y del trabajo, ambas nomenclaturas por cierto por demás contradictorias por sus múltiples pecados, puede ya interpretarse como toda una jugarreta dictada por el neronzuelo de Macuspana en complicidad con beto canalla, sempiterno franquitario del PT y los González, propietarios del verde.
El resultado exhibe a Sheinbaum en medio del desconcierto, la impotencia y el fracaso de alguien incapaz de rebelarse o tirar la toalla ante una perversidad política que juega con marionetas a las que pone a bailar, hacer cabriolas y bufonerías a la par que les coloca en la picota de su propia debacle. Habrá revocación y seguirá la continuidad, hagan sus apuestas.
… En el contexto de la ya entrante Semana Santa, es oportuno ponderar algo que con frecuencia pasa inadvertido ya como una normalización virtuosa: la capacidad de coordinación institucional cuando se ejerce con método y propósito. El operativo impulsado por el Ayuntamiento de Hermosillo, encabezado por Antonio Astiazarán, no solo destaca por su dimensión, más de 500 servidores públicos de 18 dependencias, sino por su lógica operativa: integrar funciones diversas bajo un mismo objetivo de prevención, atención y orden. Esa articulación entre seguridad, protección civil, servicios públicos y salud permite que la experiencia ciudadana durante estos días no dependa del azar, sino de una planificación estructurada.
Más allá del ya tradicional despliegue, hay acciones complementarias que reflejan sensibilidad social, como el esquema de transporte a Bahía de Kino mediante donación de alimentos, que introduce un componente de corresponsabilidad comunitaria poco común en este tipo de operativos, así como una amplia oferta de alternativas para quienes deciden quedarse en la ciudad. Medidas como esta amplían el impacto del gobierno más allá de lo logístico y lo conectan con el tejido social.
… En la otra esquina del poder, el Gobernador Durazo no hace mal los quesos, no sólo en lo que corresponde a una acción similar que combina capacidades operativas para el mismo propósito de una semana santa segura, esta con dimensión estatal, sino también en la parte de generar insumos para el desarrollo turístico regional.
Por ejemplo, esta tarde en la playa “El Cochorit”, palabra que en lengua yaqui significa límite, posiblemente en este caso en cuanto a lo territorial, ya que se localiza según mis cálculos justo al límite de las tierras yoris o del hombre blanco, que en nuestro caso de mayoría étnica sería más bien no mucho, el gober dará banderazo de inicio de hostilidades al malecón de ese atractivo turístico hasta ahora más local que para la generalidad, en lo que bien puede entenderse como un componente adicional a varios insumos de desarrollo regional.
En la bahía de Guaymas y San Carlos se tiene proyectado el hundimiento de un total de 14 barcos, de los cuales 7 ya fueron depositados en el lecho marino en lugares propicios para crear arrecifes artificiales con lo que el ecoturismo se potencia como parte de la actividad económica que se proyecta fortalecerá de manera importante la actividad turística con la carretera Chihuahua-San Carlos, además de la comercial como el nuevo muelle que integrará economías continentales. Nada pescadito!!!
@dparra001

