En 3y2/David Parra

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En 3y2/David Parra

 

EL DESAFÍO DE CONSTRUIR UNA CANDIDATURA PROPIA

La designación de Lorenia Valles Sampedro como figura de Morena rumbo a la sucesión sonorense obliga a observar más allá del resultado de un cuestionable proceso interno del cual sobra decir por qué… Lo importante es entender qué tiene políticamente para ofrecer cuando llegue el momento de abandonar la protección de las siglas y someter su propia personalidad al escrutinio ciudadano.

Valles no es una improvisada. Tiene casi tres décadas dentro de la política partidista. Militó en el PRD de 1998 a 2018, presidió su comité municipal en Hermosillo, fue consejera estatal y nacional, candidata a diputada local y federal, precandidata al Gobierno de Sonora y candidata a la alcaldía de Hermosillo. Su currículum registra además tres pasos por la Cámara de Diputados y, desde 2024, el Senado de la República.

Pero antigüedad política y peso político no son necesariamente sinónimos.

Ahí comienza el análisis que Morena tendrá que hacer con particular cuidado. Antes de incorporarse al movimiento lopezobradorista, las distintas incursiones electorales de Lorenia Valles no consiguieron convertirla en una figura electoral exitosa. En 2015, por ejemplo, una encuesta registrada ante la autoridad electoral la colocaba con apenas 1.6 por ciento de preferencia en la contienda por la alcaldía de Hermosillo.

Las dificultades que entonces enfrentaba para construir reconocimiento competitivo fuera de la estructura partidista era la marca de un PRD que nunca tuvo suficiente fuelle propio para impulsar figuras, pero el resultado habla más del personaje que del partido con una trayectoria ene se momento de 12 años postulándose.

En 2018 ganó el Distrito 3 federal de Hermosillo bajo las siglas de la coalición encabezada por ese López Obrador; el INE confirmó su triunfo. En 2021 volvió a obtener esa diputación, aunque solicitó licencia apenas días después de tomar protesta, y en 2024 alcanzó el Senado.

Sería incorrecto concluir solamente a partir de esos resultados que Morena explica por sí misma todas sus victorias. Pero también sería poco riguroso ignorar la coincidencia: los triunfos de mayoría de Valles aparecen precisamente cuando su nombre queda asociado a la fuerza electoral de Morena, precedidos por un 1.6 por ciento inmediato anterior en su más reciente elección con el PRD.

Esa es quizá la principal interrogante de su eventual construcción como candidata a gobernadora: determinar cuánto voto pertenece a Lorenia y cuánto pertenece a Morena, donde la ecuación vista así, se recarga hacia el partido.

 

Tampoco puede afirmarse literalmente que carezca de experiencia administrativa. Entre 2008 y 2012 fue comisionada de Atención a Migrantes en el gobierno del entonces Distrito Federal y entre 2016 y 2018 dirigió Asuntos Internacionales y Atención a Migrantes en Durango. Además, encabezó DIF Sonora durante la administración de Alfonso Durazo, donde operó programas sociales, alimentarios y de asistencia con presencia estatal, pero sin poder acreditarle acciones destacables más allá de lo que le correspondía operar. Experiencia administrativa sí tiene; experiencia encabezando un gobierno, no tiene antecedente alguno.

Nunca ha gobernado un municipio ni un estado. Tampoco ha estado al frente de una secretaría responsable de áreas estructurales como seguridad, finanzas, infraestructura, economía o educación. DIF le permitió recorrer el estado, administrar programas y relacionarse con sectores vulnerables, pero dirigir Sonora representa una dimensión política, financiera y administrativa radicalmente distinta.

Su larga carrera legislativa tampoco parece haber producido hasta ahora una bandera pública que identifique inequívocamente su nombre. Presidió la Comisión de Asuntos Migratorios durante la LXII Legislatura y posteriormente participó en comisiones como Hacienda, Medio Ambiente y Relaciones Exteriores. Es una trayectoria legislativa extensa y verificable; cuestión diferente es cuánto de ella logró transformarse en notoriedad pública, liderazgo temático o capital electoral personal.

Existe además otro componente interesante de su biografía: su origen político dentro del PRD. A Lorenia se le relaciona desde aquella etapa con la corriente vinculada a René Bejarano y Dolores Padierna, grupo evidenciado, desprestigiado y curiosamente victimizado en la narrativa cuatrotera luego de los video escándalos de la época dorada del llamado rey del cash al cual servían de esa manera.

Pero esa pertenencia aún vigente no vincula a Lorenia en esa trama más allá del porcentaje de su sueldo que según testimonios públicos de varios ex perredistas, era regla entregar en efectivo con cada pago quincenal, pero sí ayuda, en cambio, a entender que Lorenia Valles no llegó al obradorismo en 2018 como una recién nacida. Su historia pertenece a las estructuras de la llamada izquierda que precedieron a Morena, en particular al clan político Bejarano-Padierna.

Ese antecedente también permite entender conexiones políticas nacionales que trascienden a Sonora. Sin ello, sería excesivo convertir la pertenencia histórica a una corriente en evidencia automática de una relación personal privilegiada con Andrés Manuel López Obrador. Hay varios escalones antes de cruzar esa aduana.

Alfonso Durazo es otro peldaño importante. Fue su gobierno el que incorporó a Lorenia al DIF Sonora después de la elección federal de 2021, cuando López optó por asegurar 100% lealtad en el congreso federal, obligando a los titulares reelectos a solicitar licencia para poner a suplentes en su lugar, generando un agradecimiento irracional por parte de los inesperadamente agraciados que con ello legislaron a favor del ejecutivo todas las iniciativas sin alterarle nada, acomodando en los gobiernos estatales a los titulares con licencia forzada y con voz amordazada, no fuera a ser.

En la actualidad el consenso opinológico nacional sobre el proceso interno de Morena de septiembre de 2026 atribuye al gobernador Durazo un definitorio respaldo político a su designación, pero las concurrentes visitas de sus padrinos nacionales en la ante precampaña reciente, ratifican lealtades y consignan compromisos.

Y, por último, aparece finalmente un componente menos cuantificable, pero políticamente importante: La imagen.

Lorenia proyecta un perfil institucional, cuidado, moderado y considerablemente menos confrontativo que otros personajes de Morena. En ese terreno puede encontrarse cierta semejanza comunicacional con la Claudia Pavlovich que se presentó al electorado sonorense en 2015: una mujer de discurso moderado, imagen cuidadosamente construida y capacidad para presentarse ante sectores que no necesariamente pertenecían al voto duro de su partido. Ello le separa de su origen, pero le vincula donde no estaba.

Pavlovich llegó a aquella elección después de haber ganado espacios políticos y de construir durante años una identidad electoral propia. Lorenia tendrá que demostrar precisamente eso: que puede convertir una carrera fundamentalmente partidista, legislativa y administrativa en liderazgo ejecutivo reconocible y eso mismo puede convertirse en la paradoja de su candidatura.

Morena representa simultáneamente su principal fortaleza y su principal incógnita. La fortaleza es evidente: pertenece al partido que ha sostenido una vertiginosa capacidad electoral en Sonora y que desde 2018 ha llevado a la guapa candidata a tres triunfos electorales consecutivos, prácticamente sin despeinarse.

La incógnita aparece cuando se intenta separar la marca del personaje. Una elección por la gubernatura personaliza mucho más la competencia. En ese terreno ya no basta aparecer en una boleta legislativa acompañado por una candidatura presidencial, una estructura nacional y una ola partidista. El aspirante al Ejecutivo tiene que explicar de manera convincente qué haría con seguridad, agua, infraestructura, empleo, inversión, salud, educación y finanzas públicas; debe acreditar capacidad para formar equipos, procesar conflictos y tomar decisiones. Ése será el verdadero examen de Lorenia Valles.

No necesita demostrar que sabe sobrevivir en política. Casi treinta años de trayectoria así lo acreditan. Tampoco necesita probar que Morena puede ganar elecciones en Sonora. Los resultados recientes ya proporcionan evidencia suficiente de su capacidad competitiva. Lo que todavía está por acreditarse es algo diferente y mucho más personal: qué tan competitiva sería Lorenia Valles cuando se retira de la ecuación la marca Morena frente a un candidato formidable de la oposición que no tuvo que pasar más filtros para su definición que la evidencia de sus capacidades como gobierno, Antonio Astiazarán.

La campaña de 2027 será, entre otras cosas, el lugar donde los electores podrán responder esa pregunta. Para entonces como ya estamos presenciando, la marca partidista ya no tendrá la misma potencia de 2024, ya no hay candidatura de la cual colgarse, el desgaste público de morena es creciente y público y las contradicciones internas pueden empezar a reventar en morena y con sus aliados.

A eso va Lorenia y hay evidencia como para pensar que esta prueba no será fácil, aún con el enorme respaldo estructural y financiero que mantienen Morena y sus aliados, aún con la inconmensurable definición de las autoridades electorales y órganos del estado a favor de un régimen que tambalea, pero que aún no cae.

@dparra001