Encuadre/José F. Medina

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Encuadre/José F. Medina

 

UNA MESA QUE DIO DE QUÉ HABLAR…

Dicen que una foto vale más que mil palabras.

Y la foto que el fin de semana circuló en redes sociales en donde Natalia Rivera, Isaac Barrios, Alí Camacho y Pascual Soto aparecen juntos, habló…y dijo mucho.

Lo más significativo es que la alianza entre Movimiento Ciudadano y el Partido Sonorense rumbo al proceso electoral del 2027 va viento en popa, con la anuencia de Jorge Álvarez Máynez, el excandidato presidencial naranja y hoy coordinador nacional de dicho movimiento.

La presencia del tesorero nacional de MC en dicha instantánea, gente de todas las confianzas de Álvarez Máynez, así lo confirma.

Isaac Barrios vino en su representación para atestiguar que las pláticas iniciales entre Rivera y Camacho fueran por buen camino, buscando que se fortalezcan, todo con la finalidad de encontrar puntos en común para convertirse en una oposición sólida.

Y tiene también real significancia para el Partido Sonorense porque es el primer partido estatal de todo el país con el que MC firmaría un acuerdo electoral con rumbo a las elecciones del próximo año.

Y por lo que sé, no se trata de mera coyuntura.

La conjunción del MC y PS es casi natural, porque tienen un común denominador: ambos buscan convertirse en la opción más viable del electorado ante el desencanto de miles de mexicanos en los partidos tradicionales como el PRI y el PAN, dos institutos políticos con serios problemas a la hora de capitalizar los errores del oficialismo, por tanta carga negativa como marca que pesa sobre sus hombros.

Además, es un hecho la extinción de la Coalición “Va por México”: el PAN no quiere saber nada del PRI y viceversa, llevándose de paso al PRD.

Es por eso creo que en Sonora, MC y PS deciden ir juntos. Saben que unidos pueden obtener mejores resultados, con una oferta electoral lo suficientemente atractiva para convencer a la ciudadanía, con perfiles nuevos, provenientes de la sociedad civil, de esos que sienten y padecen a diario los problemas y las malas decisiones de sus autoridades.

En poco más de ocho meses, el voltaje político-electoral empezará a elevarse, al iniciar el año electoral en nuestro Sonora. De ahí la importancia de esa alianza temprana.

De hecho, los diferentes actores partidistas ya tienen rato en plena pre pre precampaña, sin el menor respeto al árbitro electoral que ni suda ni se acongoja.

La sonorense Guadalupe Taddei como mandamás en el Instituto Nacional Electoral y Nery Ruiz en el instituto estatal, al parecer están como la canción de la Shakira: ciegos, sordos y mudos ante los evidentísimos actos proselitistas de quienes suspiran por estar en las boletas en el ´27.

Sí, ya sé que me van a decir que mientras no pidan expresamente el voto no hay problema alguno, pero de que hacen pre pre precampaña, eso es innegable.

Por el lado del oficialismo, la senadora Lorenia Valles y el alcalde cajemense Javier Lamarque aprovechan cuanto foro –sea o no propio- les pongan a su alcance para placear la figura, tratando de permanecer en el imaginario colectivo para, en el momento de las definiciones, tener mano rumbo a convertirse en la o el candidato al gobierno.

La pelea interna es ruda y de toma y daca, aunque las fotografías de unidad busquen aparentar lo contrario.

Y por el lado de la oposición se encuentra en la misma ruta el alcalde hermosillense, Antonio “Toño” Astiazarán, el único con posibilidades reales de alcanzar la mano de Doña Leonor, léase la gubernatura, ideando, supongo, cómo lanzar una convocatoria amplia ciudadana con aquellos que no se ven representados en el morenismo, y tratando de resolver temas internos.

Pero bueno…aún falta un buen trecho para entrar de lleno a la contienda, aunque no el suficiente para impedir que los equipos de los diferentes aspirantes ya empiecen a velar sus armas.

El cotarro se anima.

 

ENCUADRE PUNZANTE

1). La separación del cargo del alcalde de Puerto Peñasco, Oscar Castro Castro, argumentando problemas de salud, es realmente la crónica de una caída anunciada. Desde hace algunos meses, en este mismo espacio, les comenté de esa posibilidad. Su estado de salud y las habladurías en torno a su trabajo hacían ya insostenible su permanencia en el cargo. Hasta los mismos empresarios que lo apoyaron para llegar a la presidencia municipal, le habían retirado el apoyo. Hoy se concreta lo que ya habíamos anticipado. Que todo sea para bien de la gente de Rocky Point.

2). A propósito de municipios: a quien reportan bastante acelerada para sustituir al alcalde de Etchojoa, Luis Arturo Robles Higuera, es a su mismísima pareja sentimental, Karla Cano. No hay lugar a donde vaya que no muestre su intención de estar en la papeleta electoral del próximo año. Quién sabe que vaya a suceder, porque Robles Higuera buscará repetir en el cargo.

3). La ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Yasmín Esquivel Mossa, se metió solita en camisa de once varas. En una reunión con integrantes del Colectivo 50 más 1 Internacional, les pidió refrendar su unidad hacia la presidenta Sheinbaum. La petición no cayó nada bien entre algunas asistentes, de acuerdo a nota informativa de la colega Sara Pantoja, de proceso.com.mx. ¿Qué tiene que andar haciendo una ministra pidiendo unidad en torno a la presidenta?. Luego no quieren causar sospechosismo.

4). Mucho he leído en torno al tema de la irrupción de Estados Unidos en Venezuela. A favor y en contra. Me quedo con la opinión del brasileño Felipe Hasson, especialista en Derecho Internacional, radicado por cierto en el vecino país del norte.

“La soberanía no es un fin en sí misma; nunca lo fue. Es un instrumento funcional, condicionado al cumplimiento mínimo de los deberes del Estado para con su población.

Se invoca la “soberanía”, la “no intervención” y el “orden jurídico internacional” como si estos conceptos existieran para proteger a los gobiernos, y no a las personas. Como si la soberanía estatal fuera un escudo moral absoluto, capaz de justificar el hambre, la persecución, la tortura, el exilio masivo y la supresión completa de la voluntad popular. No lo es”.

Ahora digo yo: más allá de si dicha intervención contraviene o no el derecho internacional, lo cierto es que los ocho millones de venezolanos autoexiliados de su país dan cuenta del horror de vivir en las condiciones en que vivían. Y ante eso, no hay defensa que valga.

En lo personal, creo que había maneras más sutiles de “convencer” al dictador Nicolás Maduro para que dejara el cargo, pero optaron por la fuerza de las armas. Y como ese es tema de geopolítica y no soy experto, mejor ni me meto. Bye.

IN PROXIMUM

 

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