COLOSIO-SOLIDARIDAD: EL NODO QUE HERMOSILLO ESPERÓ POR DÉCADAS
Este domingo Hermosillo contará con una de sus transformaciones urbanas más importantes en décadas: la puesta en operación del paso a desnivel en los bulevares Colosio y Solidaridad. No es una obra más. Es una pieza que reconfigura el mapa mental de la movilidad local, un punto donde durante años se acumuló el tedio, la molestia y el desgaste cotidiano de miles de familias que viven o transitan por el Poniente. Y es también, nos guste o no, uno de los eventos que marcarán la narrativa de la administración de Antonio Astiazarán en la recta hacia 2027.
Los antecedentes técnicos ayudan a dimensionar por qué este puente ha generado tanta conversación —y tanta expectativa— en la ciudad. No solo se trata del crucero con mayor aforo vehicular de toda la capital, con más de 74 mil vehículos al día, sino de un punto históricamente conflictivo por sus largos tiempos de espera y su alto índice de accidentes. Para cualquiera que haya intentado cruzarlo en hora pico, el recuerdo es claro: tres ciclos completos de semáforo para avanzar unos cuantos metros, bajo el sol inclemente, con el aire acondicionado forzado al máximo y el estrés acumulándose sin remedio.
La administración municipal había anticipado que este nodo necesitaba una intervención definitiva, no paliativos, y lo que ejecutó fue una obra de fondo: un paso a desnivel que permitirá flujo continuo en los carriles centrales del Colosio y eliminará la saturación histórica del punto. Lo relevante es que, a diferencia de grandes proyectos federales o estatales, este puente se levantó con recursos 100% municipales, unos 412 millones de pesos, y quedó listo un mes antes de lo programado. En tiempos donde abundan las obras que se retrasan indefinidamente o se inauguran sin terminar, esto ya sería una noticia mayor.
Pero hay un componente adicional: la obra superó las pruebas de lluvia sin presentar encharcamientos, un detalle técnico que suele omitirse en los discursos, pero que dice mucho sobre la supervisión y la calidad de ejecución. En Hermosillo, donde una mala pendiente o un drenaje insuficiente puede convertir cualquier paso deprimido en una alberca, este dato importa. Y mucho.
Claro, sería ingenuo pensar que un proyecto de este tamaño transita libre de cuestionamientos. Algunos críticos han levantado la voz sobre supuestos sobrecostos o el desbalance entre grandes obras de “imagen” y tareas tan sensibles como el bacheo o el drenaje. Son observaciones legítimas dentro del debate público, aunque muchas veces cargadas de un tono político que se vuelve inevitable en un año preelectoral. Frente a ellos, los defensores del proyecto —incluyendo voces ciudadanas— señalan que la oposición morenista ha intentado minimizar la obra por pura agenda electoral, esos “cangrejitos guindas” que jalan hacia abajo todo lo que no provenga de su propio grupo.
La realidad, como siempre, es más compleja. El puente es una obra útil, esperada y técnicamente sólida. Pero también es una narrativa política poderosa. En un ecosistema donde los gobiernos suelen justificarse en la escasez de recursos, el Ayuntamiento presumió su autonomía financiera: no pidió deuda. Y lo terminó antes de lo previsto. Eso, en el ajedrez político local, se traduce en un mensaje claro de capacidad administrativa, justo cuando las precampañas empiezan a buscar contrastes.
Además, este nodo se inserta en una visión más amplia de modernización urbana promovida durante esta administración. No es casual que se mencione en la misma conversación al Cárcamo Norte, el Libramiento Norte, las patrullas eléctricas, el Parque de la Vida o las plantas solares. Todos estos proyectos construyen una línea discursiva: Hermosillo transita hacia una ciudad más moderna, más sustentable y más ordenada.
El Poniente, con sus más de 250 mil habitantes, será el epicentro de ese cambio. Colonias como Puerta Real, Los Viñedos, La Choya o los desarrollos de la zona del Quiroga habían crecido más rápido que la infraestructura vial que las servía. La inauguración del puente, en ese sentido, no solo viene a resolver un problema histórico: viene a corregir una deuda urbana acumulada por años.
Este domingo, cuando los automovilistas crucen por primera vez el nuevo paso a desnivel, se abrirá una nueva etapa en la movilidad de Hermosillo. Para algunos será apenas un puente; para otros, una señal de que la ciudad puede funcionar mejor cuando hay orden, recursos y voluntad política. Como siempre, el juicio final será de la ciudadanía.
Me despido con un comercial: sintonicen a las 6:10 AM, “La Kaliente” 90.7 FM., el colega y amigo José Ángel Partida me abre un espacio en su noticiero en el que comentaremos con más detalle esta columna. ¡No se lo pierdan!
Por hoy es todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

