CAJEME: CUANDO LA VIOLENCIA MANDA Y EL GOBIERNO ESTORBA
La violencia focalizada sigue tomando zonas estratégicas de Cajeme mientras el alcalde Javier Lamarque se entretiene con obras de pacotilla. La inseguridad avanza; la autoridad retrocede.
Cuando uno revisa el mapa criminal de Sonora, salta a la vista un patrón inquietante: la violencia no solo persiste, sino que se concentra con precisión quirúrgica en áreas donde la presencia del Estado debería ser más contundente. En municipios como Cajeme, particularmente en Ciudad Obregón, la delincuencia organizada mantiene un dominio territorial tan evidente que ya forma parte del paisaje urbano. Y mientras los ciudadanos viven con miedo real, el gobierno municipal parece empeñado en administrar apariencias, no soluciones.
El ejemplo más reciente es vergonzoso por lo que revela: mientras la ciudad figura —otra vez— entre las más violentas de México, el alcalde celebra con entusiasmo la instalación de “bebederos públicos” en el Palacio Municipal de Cajeme como si se tratara de una estrategia transformadora de seguridad. Una obra menor, de bajo impacto, vendida como logro. Un distractor disfrazado de política pública.
La realidad es más cruda. Cajeme cerró el último trimestre con uno de los índices de homicidio más altos del país, y la curva no muestra señales de corregirse. Las ejecuciones ocurren a plena luz del día, en colonias céntricas, cerca de oficinas públicas, comercios y escuelas. El crimen opera sin discreción porque puede hacerlo. Porque sabe que, más allá de los discursos y los shows de “coordinación interinstitucional”, la capacidad de respuesta del gobierno municipal sigue siendo limitada, tardía y, lo peor, predecible.
El contraste entre las prioridades del alcalde y las urgencias ciudadanas resulta ofensivo. Mientras se inaugura un bebedero con aplausos forzados, madres de familia redibujan rutas para que sus hijos no pasen por zonas de riesgo; empresas pequeñas ajustan horarios para evitar que sus trabajadores salgan de madrugada o muy tarde; transportistas modifican recorridos para esquivar colonias donde la disputa criminal es abierta. La gente reordena su vida cotidiana para sobrevivir en su propia ciudad.
La narrativa oficial insiste en que “se está trabajando”, pero los números cuentan otra historia. La estrategia de seguridad municipal parece más enfocada en administrar daños reputacionales que en recuperar territorios capturados por células delictivas. No hay política pública que funcione si no hay presencia efectiva en campo. Y en Cajeme, la ausencia se nota. Se nota en las calles, se nota en las colonias y se nota en la manera en que la delincuencia actúa cada vez con mayor precisión y brutalidad.
La violencia focalizada no es casualidad: es resultado de la falta de capacidad operativa, de inteligencia real, de prevención y de una coordinación que no logra romper inercias. Mientras tanto, el alcalde opta por las obras “fotografiables”, aquellas que llenan redes sociales pero no llenan de seguridad a la población. Los bebederos no levantan denuncias, no investigan homicidios, no desmantelan bandas. Sirven para refrescar gargantas, no para desactivar riesgos.
Y aquí está el problema de fondo: Cajeme necesita un rediseño completo de su estrategia de seguridad, con participación estatal y federal, sí, pero también con un liderazgo municipal que entienda que ya no hay margen para ocurrencias. La percepción de que el gobierno local está administrando su propio desconcierto se está convirtiendo en un factor adicional de incertidumbre. Y la incertidumbre, en contextos como éste, se traduce en más violencia.
Mientras el alcalde presume proyectos menores, la ciudadanía se pregunta cuándo llegará una acción contundente: cuándo veremos un replanteamiento serio de la estrategia, cuándo habrá datos verificables de reducción del delito, cuándo se dejará de tratar la inseguridad como un asunto cosmético.
Porque la seguridad no se maquilla. Se construye. Y en Cajeme, esa construcción sigue pendiente.
Me despido con un comercial: sintonicen a las 6:10 AM, “La Caliente” 90.7 FM, el colega y amigo José Ángel Partida me abre un espacio en su noticiero en el que comentaremos con más detalle esta columna. ¡No se lo pierdan!
Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
