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Olor a Dinero/Feliciano J. Espriella

 

SONORA 2027: FRACTURAS, CHAPULINES Y PODER POLÍTICO

Las fracturas internas en Morena, la crisis del PRI y el pragmatismo político en la sierra son señales tempranas del reacomodo que marcará la disputa electoral de Sonora rumbo a 2027.

Sonora se ha convertido en un laboratorio político donde la unidad es un discurso público que choca con la realidad de las fracturas internas. De cara al proceso electoral de 2027, los partidos no solo enfrentan a sus rivales externos, sino también crisis de lealtad, ambiciones personales y rupturas estratégicas que amenazan con reconfigurar el mapa político del estado.

El bloque oficialista: disciplina aparente y aliados incómodos
La tensión más delicada para la llamada “Cuarta Transformación” proviene de sus propios aliados. Los partidos PT y Verde Ecologista (PVEM) propinaron un revés legislativo a la presidenta Claudia Sheinbaum al votar contra su reforma electoral. No fue una rebelión ideológica, sino un cálculo político: ambos partidos se resistieron a perder prerrogativas, financiamiento y posiciones plurinominales.

A nivel local, Morena también enfrenta señales de fragmentación. En municipios estratégicos como Nogales, las aspiraciones personales de distintos liderazgos han generado rupturas que debilitan la estructura partidista.

Mientras tanto, la carrera por la gubernatura ya comenzó a perfilarse con anticipación. Figuras como Célida López, Lorenia Valles y Javier Lamarque aparecen en el radar político, lo que ha obligado al gobernador Alfonso Durazo a intervenir como árbitro para contener las ambiciones adelantadas y preservar la cohesión interna del movimiento.
La oposición: el “factor Colosio” y la agonía del PRI

En la acera de enfrente, la reciente visita de Luis Donaldo Colosio Riojas a Sonora reavivó nostalgias políticas que todavía pesan en el imaginario colectivo del estado. > Archivo Confidencial: Su presencia vuelve a plantear un dilema para la oposición: competir por separado —lo que facilitaría el triunfo de Morena— o intentar construir una alianza que aspire a disputar el poder estatal.

En contraste, el PRI atraviesa una de las etapas más críticas de su historia reciente. La migración de cuadros hacia otras fuerzas políticas se ha vuelto constante y el fenómeno del “chapulineo” parece haberse normalizado.

Solo permanecen algunos perfiles que reivindican la lealtad partidista, como la diputada Iris Sánchez Chiu, mientras numerosos actores políticos optan por reacomodarse en proyectos con mayores posibilidades de supervivencia electoral.

Un ejemplo ilustrativo es el colapso del Partido Sonorense, que perdió siete alcaldías en un solo movimiento cuando sus presidentes municipales decidieron renunciar para incorporarse a Morena.

La lógica del poder en la sierra
El caso de los municipios serranos refleja con claridad el pragmatismo que domina la política local.

En comunidades como San Pedro de la Cueva, Huachinera o Átil, los recursos propios son prácticamente inexistentes. Las administraciones dependen casi totalmente de las transferencias estatales y federales.
Ante esa realidad, varios alcaldes optaron por abandonar sus siglas originales para alinearse con el partido gobernante. Más que una conversión ideológica, se trata de una estrategia de supervivencia presupuestal.

El resultado es una gobernabilidad condicionada. El alcalde deja de concentrarse en proyectos de desarrollo a largo plazo y centra su atención en mantener la relación política que garantice el flujo de recursos.

Esto genera administraciones que funcionan más como extensiones del poder estatal que como gobiernos municipales autónomos.
El problema de fondo: lealtades volátiles
El “chapulineo” serrano no solo explica la desaparición práctica de partidos pequeños; también debilita la presencia de la oposición en amplias regiones del estado.

Cuando un alcalde cambia de partido para asegurar presupuesto o viabilidad política, la lealtad deja de estar con los ciudadanos que lo eligieron y pasa a depender de quien controla la llave del financiamiento público.
En ese contexto, la política sonorense parece entrar en una etapa dominada por “agentes libres”, donde los principios ideológicos pesan cada vez menos frente a la conveniencia inmediata.

La moneda está en el aire. Mientras el oficialismo intenta mantener alineados a sus aliados y contener las pugnas internas, la oposición busca una figura que logre competir sin diluirse frente al peso simbólico del apellido Colosio.