Olor a Dinero/Feliciano J. Espriella

HomeColumnas de Opinión

Olor a Dinero/Feliciano J. Espriella

 

EL ABUCHEO QUE TODOS ESPERABAN Y NO LLEGÓ

La ausencia de Claudia Sheinbaum en la inauguración del Mundial evitó un escenario previsible que habría sido explotado políticamente por sectores deseosos de convertir un evento deportivo en espectáculo de confrontación.

No quiero ni imaginarme las jubilosas miles de notas, columnas, crónicas y todo tipo de publicaciones que se hubieran difundido este viernes 12 de junio si la presidenta Claudia Sheinbaum hubiera hecho acto de presencia en la inauguración del Mundial de Futbol y hubiera sido abucheada, lo cual era bastante probable en virtud del tipo de público que asistiría al estadio.

Millones de burlas, memes y comentarios seguirían inundando las redes sociales preguntándose dónde quedó su popularidad, mientras una parte importante de la comentocracia nacional estaría escribiendo análisis precipitados sobre un supuesto desplome político del nuevo gobierno.

No ocurrió.

Y precisamente por eso comenzó otra crítica: la de quienes hoy cuestionan su ausencia.

Lo interesante del caso es observar cómo algunos sectores ya tenían preparado el guion. Si asistía y recibía abucheos, el discurso sería demoledor. Si no asistía, entonces hablarían de cobardía política, miedo o incapacidad para enfrentar a la ciudadanía. El resultado final parecía decidido de antemano.

La presidenta, simplemente, decidió no entrar al juego.

En política existen momentos en los que la prudencia vale más que el simbolismo. Gobernar no consiste en exponerse innecesariamente a escenarios adversos cuando resulta evidente que determinados grupos llevan semanas construyendo condiciones para fabricar narrativas de desgaste.

El contexto nacional no es precisamente terso.

Persisten tensiones políticas internas, existe polarización alimentada diariamente desde diversos espacios mediáticos y continúa un clima internacional particularmente delicado, marcado por conflictos geopolíticos, desaceleración económica global e incertidumbre financiera en múltiples mercados.

En ese ambiente, asistir a un evento masivo con un público heterogéneo, emocionalmente impredecible y fácilmente influenciable por consignas políticas, equivalía a asumir un riesgo perfectamente evitable.

Es exactamente lo mismo que organizar un día de campo cuando el pronóstico anuncia más del ochenta por ciento de probabilidades de lluvia.

Puede no llover.

Pero cualquier persona razonable entiende que no tiene sentido exponerse.

Hay quienes sostienen que un gobernante debe enfrentar cualquier escenario.

Suena bien como frase de café o como discurso para redes sociales, pero gobernar implica tomar decisiones racionales, incluso cuando esas decisiones generan incomodidad entre quienes viven permanentemente buscando oportunidades para desacreditar.

Conviene recordar además que el Mundial es, ante todo, una celebración deportiva.

Convertir su inauguración en un escenario para medir popularidad presidencial habría significado trasladar innecesariamente la confrontación política hacia un evento cuya esencia debería ser precisamente la convivencia y la unidad.

Muchos deseaban esa fotografía.

Esperaban el momento exacto para convertir algunos segundos de abucheos en semanas enteras de propaganda política.

No sucedió.

Y eso explica buena parte del enojo posterior.

A veces la mejor decisión política no consiste en aparecer.

Consiste, precisamente, en saber cuándo no hacerlo.

Quienes hoy critican la ausencia presidencial probablemente son los mismos que habrían celebrado con entusiasmo cualquier señal de rechazo en las tribunas.

El abucheo que muchos esperaban no llegó.

Y quizá eso terminó resultando más frustrante para algunos que cualquier discurso pronunciado desde el palco principal.

Porque, al final, no pudieron construir la narrativa que llevaban días esperando.

Por hoy fue todo.

Gracias por su tolerancia y hasta la próxima