MÉXICO: EL AÑO DE LAS DOS CARAS
Entre récords de empleo, salario e inversión extranjera, y un crecimiento que apenas roza el 1%, México cierra el año con una pregunta abierta: ¿buenas cifras o buen futuro?
La economía mexicana atraviesa una de sus etapas más contradictorias de la historia reciente. El discurso oficial se sostiene sobre lo que el secretario de Hacienda, Édgar Amador, describe como un “alud” de datos positivos: un flujo de Inversión Extranjera Directa (IED) de 41,000 millones de dólares en 2025, una recuperación real del salario mínimo de 125% desde 2018, una tasa de desempleo de apenas 2.7% —la segunda más baja de la OCDE— y un récord de 22.8 millones de empleos formales en junio. A esto se suman exportaciones que alcanzaron un máximo histórico anualizado de 723,000 millones de dólares hacia mayo, y un repunte de 5.9% anual en la Inversión Fija Bruta.
Pero detrás de este despliegue de récords, los motores de fondo avanzan con lentitud. El Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó su pronóstico de crecimiento del PIB para México a un magro 1.2% este año, señal de una debilidad estructural persistente. Y aunque la inflación bajó temporalmente a 3.6% anual, el Banco de México mantiene su tasa de referencia en un restrictivo 10.5%, en un esfuerzo por contener las presiones del sector servicios y la volatilidad cambiaria.
Para entender qué depara el resto de 2026, conviene analizar el futuro desde dos escenarios opuestos.
Escenario 1: el camino optimista
En un panorama favorable, la economía nacional logra sacudirse el freno de mano. El motor del crecimiento no vendrá de la maquila automotriz —hoy bajo presión comercial— sino de la reconversión tecnológica. México capitaliza el nearshoring digital y consolida a Querétaro, el “valle de los datos”, como centro de procesamiento de información para las grandes empresas de inteligencia artificial en Estados Unidos, con inversiones de AWS y Microsoft. Bajo este escenario, uno de cada cuatro dólares exportados proviene ya de este segmento.
Las mesas de negociación del T-MEC logran desactivar las amenazas arancelarias de Washington y eliminan las medidas unilaterales sobre acero y aluminio. El mercado interno se reactiva con la inyección de capital en el sector energético, incluidos proyectos de gas natural con Petrobras y un uso controlado del fracking bajo criterios científicos. La confianza regulatoria regresa para los inversionistas, la inversión privada crece y el IGAE cierra el año en un sólido 2.1%.
Escenario 2: el camino pesimista
En el extremo opuesto, la realidad interna y externa se combinan en una “tormenta perfecta”. Las reglas del comercio se desmoronan: Estados Unidos, bajo presión nacionalista y electoral, formaliza revisiones anuales del T-MEC y reduce su vigencia a solo diez años, lo que elimina la certidumbre de largo plazo que necesitan los inversionistas. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, endurece las reglas de origen en el sector automotriz al acusar el uso de componentes chinos, lo que acelera el repliegue de armadoras como Toyota, que traslada la producción de su camioneta Tacoma de Tijuana a Texas.
En el frente interno, la debilidad del Estado de derecho y la inestabilidad regulatoria ahuyentan la confianza empresarial. La escasez crónica de agua, la falta de suministro de energía limpia para las nuevas industrias y la violencia en Michoacán —que paraliza la exportación de aguacate hacia Estados Unidos— golpean el comercio exterior. Pemex continúa arrastrando una pesada deuda fiscal y una crisis de pagos a proveedores, mientras el sistema de pensiones presiona cada vez más el presupuesto federal. En este escenario, el crecimiento económico cae por debajo del 1%, la inflación repunta por el encarecimiento de importaciones y combustibles, y el empleo formal se desploma ante un retorno masivo a la informalidad.
Conclusión
La moneda está en el aire. El desenlace económico de México para el cierre de 2026 no dependerá de presentaciones con cifras vistosas, sino de hechos medibles en el terreno de la legalidad y la infraestructura: si la certidumbre se traduce en inversión real, o si la inestabilidad termina imponiéndose sobre los buenos números del discurso oficial.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

