LOS SONORENSES NACEMOS DONDE NOS DA NUESTRA RECHINGADAGANA
Colosito asegura que nació en Magdalena y califica de “mamadas” e “idioteces” las versiones que lo ubican naciendo en la Ciudad de México. El problema es que hay documentos contradictorios y una candidatura a gobernador que convierte su lugar de nacimiento en algo más que una curiosidad.
Plagio la célebre frase de la no menos célebre cantante de origen costarricense Chavela Vargas para referirme a la respuesta que dio Colosito en su reciente visita a Sonora, cuando alguien le señaló que circula la versión de que nació en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Su respuesta no pudo ser más contundente ni más vulgar: “son mamadas, son idioteces”.
Lo curioso —y lo digo con todo el cariño norteño— es que, si de veras se tratara de puras mamadas e idioteces, el asunto podría resolverse en cinco minutos: exhibir una copia certificada del acta correspondiente, explicar la aparente contradicción documental y a otra cosa, mariposa.
Pero no. Colosito prefirió la grosería a la explicación.
Y en política, como en el rancho, cuando alguien se enoja más de la cuenta ante una pregunta sencilla, uno empieza a sospechar que quizá la pregunta no era tan sencilla.
Porque el asunto no nació de un meme de Facebook. Excélsior y ContraRéplica publicaron haber revisado documentos según los cuales Luis Donaldo Colosio Riojas habría nacido el 31 de julio de 1985, a las 19:35 horas, en el Hospital Humana de la Ciudad de México. El certificado estaría firmado por el médico Silvestre Frenk Mora.
Al mismo tiempo, existe un registro de nacimiento expedido en Magdalena, Sonora, que consigna el nacimiento ese mismo día.
No pretendo convertir esta columna en Registro Civil ni tengo elementos para declarar auténtico o falso documento alguno. Eso corresponde a las autoridades competentes.
Pero la contradicción existe y merece una explicación mejor que “son mamadas”.
Porque si ambos documentos son auténticos, alguien tendrá que explicar cómo se produjo esa inconsistencia. No hace falta imaginar el don de la bilocación; basta pedir claridad.
Lo más divertido es que la contundencia sonorense de Colosito parece depender del auditorio.
Ante simpatizantes que le gritaban “¡Gobernador!” en Hermosillo, soltó la frase políticamente perfecta: “yo soy de Magdalena”.
Pero cuando la prensa le preguntó si se siente más sonorense o regiomontano —la tierra donde construyó buena parte de su hasta ahora mediocre trayectoria política, fue diputado local y alcalde de Monterrey, y que actualmente representa en el Senado— apareció una respuesta bastante más ecuménica: “me interesa todo México”.
Es decir, ante el mitin, sonorense hasta las cachas; ante la pregunta incómoda, mexicano universal.
Y aquí es donde la anécdota deja de ser folclórica.
El artículo 70 de la Constitución Política del Estado de Sonora establece que para ser gobernador se requiere ser nativo del estado y, para quien no sea originario de Sonora, acreditar cuando menos cinco años de residencia efectiva inmediatamente anteriores al día de la elección.
Cinco años.
Por eso importa dónde nació Colosio Riojas.
Si jurídicamente acredita ser nativo de Sonora, el problema desaparece por esa vía. Si no lo acredita, tendría que entrar en juego el requisito de residencia efectiva establecido constitucionalmente.
Y ahí la biografía política reciente puede volverse bastante incómoda.
Colosito construyó su carrera política en Nuevo León, fue gris diputado local, mal gobernó Monterrey y llegó al Senado representando a esa entidad tras haber perdido le elección y designado senador de primera minoría. Nada de eso constituye por sí mismo una conclusión jurídica sobre su residencia, pero sí convierte el asunto en una pregunta perfectamente legítima.
Se vale querer gobernar la tierra del padre. Se vale reivindicar raíces familiares y afectivas en Magdalena. Incluso se entiende que parte de la militancia vea en el apellido Colosio una poderosa herencia política.
Lo que no se vale es pretender que un apellido sustituya los requisitos constitucionales o que una grosería liquide una pregunta periodística.
Chavela tenía razón: uno es de donde le da la rechingada gana.
Pero una cosa es el corazón y otra la Constitución.
Para sentirse sonorense basta querer a Sonora. Para gobernarla hacen falta documentos, requisitos legales y explicaciones que resistan algo más que un mitin.
Así que menos “mamadas” y más papeles.
Mientras tanto, en Sonora seguimos esperando una explicación.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

