Por Diana Lastiri
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Aunque la elección judicial convirtió a Hugo Aguilar Morales en el primer ministro presidente de la nueva integración, por haber obtenido el mayor número de votos en las urnas, esto no le ha servido para controlar los debates en el Pleno.
Hasta ahora, el ministro presidente ha mostrado tener una estrategia de no confrontación con sus compañeros. Sin embargo, el Pleno cada semana permanece en el ojo público por comentarios desafortunados, intervenciones erráticas o peleas entre sus integrantes.
“Los primeros meses yo creo que estaba dirigiendo con bastante fluidez el debate en la Corte”, considera Luis Tapia, profesor de Amparo en la Universidad Iberoamericana de Torreón, Coahuila.
“Ahora esta deferencia para no generar conflicto que utiliza el presidente actual le está cobrando factura, me da la impresión de que no quiere pelearse, no quiere generar situaciones incómodas, pero eso está haciendo que se vea una Corte desordenada, que no tiene un debate estructurado y genera una percepción de que las decisiones no son serias, que la Corte no es un tribunal serio y eso es preocupante”.
Reconoce que las curvas de aprendizaje siempre van a existir entre los ministros que recién se incorporan al Máximo Tribunal, pero que en el caso de anteriores integraciones, era el Pleno el que contenía esa curva de aprendizaje de los recién llegados, lo que no puede ocurrir con la nueva integración, cuya mayoría se incorporó el 1 de septiembre de 2025, lo que finalmente genera mayor desconfianza por parte de los justiciables hacia la institución.
Para el ministro en retiro José Ramón Cossío Díaz, este no es un problema que recaiga sólo en los hombros de quien ocupe la Presidencia de la Corte, sino de todos los integrantes del Pleno.
“Puede ser que el ministro Hugo Aguilar no ejerza completamente sus funciones de presidente, pero también que los ministros no sigan un orden en las discusiones porque no tienen una comprensión cabal de lo que están discutiendo y que, parece, que existe una serie de pugnas internas que, en lugar de resolverse como tales, se están resolviendo en las discusiones públicas o se están manifestando en las sesiones públicas; creo que es una combinación de factores que están produciendo un desorden en el tema”, explica.
“Puedes tener un ministro presidente ordenado y que pueda poner cierto orden, pero si las personas están discutiendo cada quien lo que se la da la gana, hablan a la hora que quieren hablar, se equivocan, no tienen claridad de lo que están discutiendo, lo que están votando, por muy presidente que seas, es muy difícil que logres imponer un orden ante tan tremendo desorden”.
Cossío Díaz advierte que mientras predominen los conflictos personales entre los integrantes del Pleno, independientemente de quién ocupe la Presidencia de la Corte, el escenario no es nada prometedor para nadie.
“Si van a predominar los conflictos personales que ya uno puede advertir en las discusiones, la forma en que se trata, cómo discuten entre sí, la forma en que se refieren en términos personales uno al otro, no es una cuestión que pueda predecir un buen futuro, independientemente de quién sea el presidente”.
El ministro en retiro dice que puede entender que las personas tengan rivalidades, compromisos, procedencias políticas distintas, “todo eso se puede entender, no se trata de ir a la Corte a hacer amigos, pero sí me parece que hay ciertas formas que tienen que ver con la subordinación de las condiciones personales al funcionamiento del órgano.
“Si las sesiones van a ser utilizadas para estarse golpeando, para estarse señalando los defectos que no tienen que ver sobre la discusión de los asuntos, si es para atacarse en términos políticos, pues sí resulta muy difícil la gobernabilidad de una institución, cualquiera que sea el presidente.
“No estoy diciendo con uno o con otro, pero pues si todo el tiempo se van a estar ahí dando de descontones unos a los otros, pues es muy difícil francamente que el órgano pueda tener un buen funcionamiento”.
El ministro advirtió que este desorden dentro de la Corte impacta directamente en los justiciables porque mientras los ministros utilicen los debates de los asuntos en demostrar las incapacidades de sus compañeros o en demostrar su propia inteligencia y capacidad, quienes sufren son las personas implicadas en cada asunto en el que está implicada su libertad, su patrimonio o cualquiera de sus derechos.
“Al final de cuentas resulta perjudicado el ciudadano, luego la imagen institucional de la Suprema Corte y, en tercer lugar, el funcionamiento del Estado mexicano, porque si no se pueden resolver bien los asuntos en la Suprema Corte o la gente decide no llevar allá sus asuntos, pues hay que preguntarse, ¿dónde se van a resolver los conflictos que no se están pudiendo resolver mediante los litigios que están siendo llevados a la corte a la Suprema Corte? Ese sí es un problema de gobernabilidad general del país”, agrega.
TOMADO DE PROCESO.COM.MX

