Por Dalila Escobar
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Desde 2024 existen denuncias contra el director general de Desarrollo Carretero de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), Rafael Cervantes de la Teja, por acoso sexual y hostigamiento laboral.
Los testimonios de tres personas que fueron sus subordinadas coinciden en las prácticas de ese servidor público: colocar a mujeres en cargos para acosarlas constantemente; de ceder, las asciende de puesto. De negarse, son despedidas.
Karla relata que pudo mantener su plaza laboral únicamente por ocho meses porque nunca aceptó ser “la tercera novia” de Cervantes dentro de la dependencia federal. Fue despedida en medio de inconsistencias e irregularidades que han terminado en denuncias ante la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra) y ante la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno, de las cuales Proceso tiene copia.
Ella ingresó a la SICT en julio de 2025 y apenas dos meses después, de manera arbitraria, Cervantes decidió que la mujer, licenciada en Derecho, con 14 años de experiencia en la administración pública y madre de dos niñas, fuera su particular.
El acoso se inició con la frase: “Con ese vestido te ves muy bien”. Frente a compañeros de trabajo, relata Karla, Cervantes de la Teja también le decía: “¿Ya estás conquistando al maestro? No lo toques así porque se le va a parar el chile”.
La víctima del funcionario continúa: “En otro momento, saliendo de su oficina, le preguntó a un compañero: ‘¿Qué onda, no se te antoja la abogada? Ya vi que se te antoja’”.
Karla, de 43 años, recuerda que ese tipo de comentarios Cervantes los hacía incluso frente a otros funcionarios de subdirecciones.
Además, él le pedía a ella que fueran a comer y le revelaba que tenía relaciones personales con otras funcionarias con quienes, de acuerdo al relato, si tenían alguna pelea o si se negaban a alguna de sus “peticiones”, las removía del cargo.
Ante el reclamo de que no es correcto sostener relaciones personales entre trabajadores y, sobre todo, con sus subordinadas, el servidor público le decía confiado: “No pasa nada; es que mira: a mí las mujeres inteligentes y hermosas me encantan y las mujeres chingonas me gustan mucho y yo quiero que tú seas la tercera. Nada más es diversión.
“Él corre al personal a diestra y siniestra por cualquier razón –expone Karla. Algo no le pareció de lo que había hecho la encargada de la Dirección de Administración y la removió. Y un día, de repente, él se voltea y me dice ‘ah, pues yo creo que tú te vas de encargada de la Dirección de Administración’.
“Le digo, ‘¿qué?, perdóname, jefe, pero yo no puedo, yo soy abogada’”.
Karla reconoce que para ese puesto se necesitan conocimientos en finanzas y de presupuesto que ella no tenía, y que la solución fue que la subsecretaria estaba para hacer ese trabajo.
“No, no, no pasa nada, ahí tengo a la subdirectora de Finanzas, ella hace todo lo de Finanzas, tú no te preocupes, tú no vas a ver nada de eso, tú nada más vas a coordinarlos”, relata que le respondió el director general de Desarrollo Carretero ante su negativa.
Para octubre, a cuatro meses de su llegada, Karla tenía un cargo de dirección al que no se negó para evitar perder su empleo, por lo que tuvo que pedir ayuda a sus compañeros para cumplir con las actividades requeridas.
Dos semanas después, el acoso empeoró. En una de sus visitas de noviembre, “cuando (Cervantes de la Teja) se despidió de mí me abrazó, me agarró la cara con sus dos manos y me dio un beso en la boca.
Le dije ‘no, jefe’…, pero me tenía con fuerza y, aunque yo me quise hacer para atrás, fue rápido el beso. Sí vio que me resistí y nada más se empezó a reír, se volteó y se fue. Después, en otra ocasión, me agarró los glúteos y ya me pegaba mucho su cuerpo, ya estaba muy feo.
De los últimos momentos de abuso que le tocó vivir fueron en fechas relevantes en las que esperaba pasarla con su familia, tanto el 24 como el 31 de diciembre del año pasado.
“El 24 de diciembre igual, con el pretexto del abrazo de Navidad, me volvió a agarrar los glúteos, pero siempre se cuidaba de que no hubiera cámaras y sabía por qué lo hacía.
“Un día nos topamos en el pasillo y me dijo ‘ay no, aquí no te voy a saludar porque aquí hay cámaras’ y le respondí ‘y qué que haya cámaras’; ‘no es que nada más te quiero saludar con un buen abrazo’, me dijo.
“El 31 de diciembre me la pasé muy mal porque era salida temprano para que cada quien se fuera a su casa y él me llamó y me dijo, ‘oye, ¿comes conmigo? (…) Paso por ti’. Ya todos se habían ido a sus casas y yo me fui con él, yo dije, ‘pues rápido’. Me llevó a Mitikah (la plaza comercial) y me siguió diciendo ‘me gustas mucho’ y ‘que todas están enamoradas’ de él, porque en su imaginación todas están enamoradas de él”.

Karla pudo llegar a su casa después de las siete de la noche para ver a sus hijas antes de recibir el año nuevo.
“La verdad yo ya llegué harta, de malas, me la pasé mal, ya nada más cené y me subí a dormir, porque a mí ya me estaba causando angustia esa situación, ya me la estaba pasando muy mal”.
Después se fue de vacaciones con sus hijas y su jefe le envió mensajes para ofrecer “alcanzarlas” aun frente a las menores de edad. Al negarse, Cervantes le propuso futuras salidas de la Ciudad de México incluso con sus hijas “nada más no nos fajamos”, le indicaba, aunque eso nunca hubiera ocurrido antes.
Sin el perfil requerido, el titular de Desarrollo Carretero le dio a Karla las funciones de una dirección y para el 10 de febrero de 2026, de acuerdo con las declaraciones de la afectada, Cervantes de la Teja dio la instrucción de ingresar la solicitud para que le dieran oficialmente el nuevo puesto, el cual tendría a partir del 1 de marzo, pese a que esos trámites tardan varias semanas.
Finalmente, fue despedida después de aclarar a su jefe que nunca tendría relaciones sexuales con él y pedirle que dejara de intervenir en sus decisiones personales. Cervantes le exigió firmar la renuncia a cambio de pagarle un mes de sueldo sin que se presentara a las oficinas, lo que en un principio aceptó, pero días después interpuso un desistimiento.
Pese al desistimiento, se le impidió el ingreso, le quitaron su credencial y la posibilidad de dar seguimiento a su proceso para no ser despedida.
Mientras resuelve esta situación, Karla busca trabajo, pero la mujer pide “que (Rafael Cervantes) no se quede sin castigo, que él reciba la sanción merecida como cualquier hostigador sexual, con el mismo rigor”.
Además, comenta que sabe de otras mujeres que se mantienen en cargos de direcciones que pasan por la misma situación con el mismo servidor público, pero no lo denuncian por temor a ser despedidas.
El modus operandi de Rafael Cervantes de la Teja es confirmado por otra exempleada que no coincidió en tiempos con Karla. Este segundo testimonio es de una mujer que laboró durante 26 años en la dependencia federal y salió en marzo del año pasado en medio de una demanda por despido injustificado.
La manera en que fue separada de su empleo es la misma que dio a conocer el primer testimonio. Se le pidió que firmara la renuncia a cambio de mes y medio de goce de sueldo sin presentarse a laborar. Al negarse fue sacada por elementos de seguridad y no fue liquidada porque, le dijeron, “son las instrucciones presidenciales”.
“Él llega y, aunque tú no quieras, te saluda de beso”
Otra de las víctimas del director general de Desarrollo Carretero de la SICT explica que su caso comenzó “con decisiones misóginas” cuando se le impidió un horario especial que ya tenía acordado con sus jefes anteriores –por un acuerdo de política de igualdad laboral y no discriminación–, dado que es madre soltera.
Cuando Cervantes llegó a la Dirección de Desarrollo Carretero le negó el horario, ella le habló de su situación y la respuesta que recibió fue: “Pues con más ganas te tienes que ajustar porque si eres madre soltera, pues vas a necesitar más el dinero”.
Durante su permanencia buscaba obligarla a registrar proyectos autofinanciables que no tenían los elementos para serlo; tras su salida, al ser del Servicio Profesional de Carrera, a ella se le debió liquidar.
Pero ocurrió lo contrario y hasta en su domicilio le pegaron un anuncio de que debía regresar una de las quincenas que se le pagó, aun cuando coincide con la fecha de su despido, con lo que –afirma–violaron sus derechos laborales.

Antes de ser expulsada de sus oficinas, esta segunda víctima envió un correo al titular de la SICT, Jesús Antonio Esteva Medina, al subsecretario Juan Carlos Fuentes, a la Secretaría de Mujeres y al área de Igualdad de género, pero nadie le respondió salvo esta última área aceptando que no se respetaba la política de igualdad.
Ella relata a Proceso que supo de cerca de 50 personas a quienes se les obligó a renunciar, todos de mayor antigüedad, bajo la justificación de una reforma que recorta la edad de jubilación, “pero los despiden sin liquidación”.
Sólo cinco trabajadores se atrevieron a demandar; la mayoría expresó su temor a “consecuencias” o a ser vetados en otras áreas de la administración pública; y hubo hasta quien manifestó miedo, incluso, a “ser desaparecido” dado que “son personas con poder”.
Esta mujer dice que de todos estos actos de Cervantes de la Teja son de conocimiento del propio secretario Esteva, pues un abogado se presentó en la oficina de parte del titular de la dependencia con el objetivo de saber qué tan complicado se les pondría el panorama por la cantidad de demandas que se les interpondría y que eso, por ende, los llevara a un escándalo.
Esta mujer, que también padeció el acoso de Cervantes, denuncia:
“Él llega y aunque tú no quieras te saluda de beso, una vez al hacerlo me pasó la mano por toda la espalda, yo dije: ‘qué rollo, si me va a saludar, no me tiene que poner toda la mano en la espalda. ¡Wow!, y a este señor qué le pasa’”.
Su situación la ha llevado a esperar la resolución de su demanda sin que se pueda emplear en el sector público ni en el privado para no perder su jubilación.
Otra excolaboradora del director general de Desarrollo Carretero de la SICT relata la agresión que sufrió del funcionario federal:
“Siempre hacía comentarios misóginos, machistas, feos, de todas las mujeres, no sólo de mí. Yo decía: ‘No, no me voy a entender con este hombre’.
“Otra de las abogadas me decía que a ella le hablaba de su vida sexual y yo le decía: ‘No, bueno, pues párale su carro’. Yo sí era sumamente cortante con él, hasta dejé de saludarlo de mano, de beso; ya lo saludaba así con la mano extendida.
Después un día me agarró de la cintura y me molestó mucho. Otro día más, estando mi hijo en la sala, yo estaba parada en mi oficina acomodando unos papeles, y cuando volteo ya lo tengo así casi encima de mí, me agarró de entre el cuello y la cara y me jaló hacia él –me sacó completamente de onda porque yo ni lo oí, ni lo vi, ni lo esperé– y me dio un beso entre el labio y la boca. Yo me hice para atrás y me dije: ‘Dios mío, está pasando esto o lo aluciné o qué’. Y le hice una cara de terror, fue muy desagradable; es un depredador.
Esta persona relata que al día siguiente solicitó su transferencia a otra área, pero después vino el hostigamiento laboral en su contra.
Días después, relata, Cervantes le pidió su plaza y ella decidió irse.
“Lo único que hice fue enviar una carta por correo a la presidenta (Sheinbaum) y nunca jamás nadie me respondió”.
“Presume apoyo de Esteva”
También relata que se hacen “castings” a las pasantes. “La primera cosa que les preguntan es si tienen novio. Son veinteañeras, o sea, imagínate. Después las elige para llevarlas a su oficina. Supe de una a la que le prometió una subdirección, pero al final no se pudo porque ella todavía no tenía el título”.
“Todavía no hay muchas compañeras que denuncian a Cervantes porque este funcionario no se cansa de decir que él es amigo de (Jesús) Esteva (titular de la SICT) y que tiene el apoyo de Esteva”, dice otra de las víctimas.

Empleados de la Dirección General de Desarrollo Carretero de la SICT dan cuenta que, en la actual administración, para obras de menos de mil 500 millones de pesos no se les piden los estudios necesarios para construcción ni un proyecto ejecutivo, pero no podían cuestionar eso porque enseguida venía la remoción.
“Por eso la secretaría fue secuestrada porque hay mucha lana, se maneja mucho dinero”, dice uno de los empleados.
Administrativamente, denuncian integrantes de la Dirección General de Desarrollo Carretero de la SICT, en la oficina de Cervantes existe un conflicto con los empleados sindicalizados porque algunos de ellos han tenido que ser transferidos a otras áreas para ser sustituidos por externos.
De acuerdo con las propias víctimas, sólo hasta que Proceso hizo este acopio de testimonios y solicitó información oficial, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes se acercó a las víctimas, pese a que las denuncias por acoso sexual fueron interpuestas hace meses. Hasta el cierre de esta edición, Cervantes no ha sido requerido por alguna autoridad.
TOMADO DE PROCESO.COM.MX

