En 3y2/David Parra

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En 3y2/David Parra

 

LO QUE “EL ROCHA” SE LLEVÓ

Rubén Rocha Moya intentó volver al gobierno de Sinaloa en un intento precipitado por recuperar fuero, desviar la atención del caso de Andy e imponerse a una presidenta a la cual, según la propia presidenta, no había que tomar en cuenta.

Rocha no incurrió en ninguna ilegalidad, habría que decirlo, porque tenía esa prorrogativa de manera legítima, incluso según palabras de la presidenta de las mañanas, “podía regresar cuando el quisiera, era una decisión personal”… Y si, pero no.

Apenas alcanzó a cruzar la puerta. Su regreso duró unas cuantas horas, las suficientes para comprobar que el poder que alguna vez lo sostuvo ya no estaba ahí o, cuando menos, ya no podía protegerlo públicamente.

Rocha regresó para demostrar que todavía manda ese que dijo Adán Augusto al que hay que preguntarle, y terminó comprobando que ya no es así, al menos, de manera creciente, cada vez menos. Su fallida reincorporación no fue solamente un episodio de torpeza política: fue la representación anticipada de un creciente desplazamiento de poder partidista y formal en México.

Con los días se ha fortalecido una sospecha que señalamos desde el principio: Imposible reducir a un intento aislado de Rocha intentar recuperar la gubernatura sin respaldo de un poder mayor. He ahí el quid del asunto, ese poder ya no alcanza frente al poder formal.

Rocha pertenece a esa generación de gobernadores construidos bajo el amparo del expresidente. Su regreso parecía una operación destinada a demostrar que el obradorismo aún podía recolocar, sostener y rescatar a los suyos. La respuesta de Claudia Sheinbaum fue contundente: calificó la decisión como imprudente e inapropiada y dejó claro que se enteró por las redes sociales. Te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro, diría mi apreciado Fausto desde su influyente atalaya.

No fue una diferencia de matices, fue una contundente desautorización pública. Rocha regresó invocando su inocencia, pero tuvo que marcharse porque ya no le alcanzó con la bendición del pasado. Al retirarse por la penosa ruta de la derrota, se llevó algo más importante que sus aspiraciones de volver a gobernar: la capacidad de López Obrador para seguir ejerciendo el poder detrás del poder en el corto plazo.

La sustitución definitiva en Sinaloa y la designación de Imelda Castro como coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación deben leerse dentro de ese reacomodo. Es cierto que Graciela Domínguez formó parte del gabinete de Rocha, pero su nombramiento no impide hablar de una limpieza radical del rochismo… Imelda no forma parte del círculo cercano de Rocha y eso le habilita para concretar la criba de lo que queda de esa composición.

No se trata todavía de una ruptura total, pero sí de una intervención política: preservar el territorio electoral de Morena, separar la candidatura del desgaste del gobernador y evitar en lo posible que el expediente sinaloense termine contaminando la elección de 2027.

Rocha, sin proponérselo, se convirtió en la primera gran prueba de autoridad para Sheinbaum. Y la presidenta decidió no gastar su capital político en rescatarlo.

Pero Sinaloa no es un caso aislado. Coincide con una sucesión de acontecimientos que están modificando la correlación de fuerzas dentro y fuera de Morena.

#ByTheWay con lo que dejamos de hablar con este capítulo de medición de fuerzas.

… Ahí están los nuevos lineamientos sobre los derechos de las audiencias, presentados oficialmente como instrumentos de protección, pero dotados de facultades suficientes para convertirse en mecanismos de vigilancia sobre los medios. El problema nunca ha sido que las audiencias tengan derechos. Los tienen y deben ejercerlos. El problema consiste en determinar quién decide qué información es “veraz”, cuándo una opinión fue presentada incorrectamente y qué autoridad tendrá capacidad para sancionar.

Cuando el gobierno adquiere facultades para vigilar la manera en que los medios distinguen información y opinión, el defensor de las audiencias corre el riesgo de convertirse en inspector de contenidos. Y de ahí a la censura administrativa solamente queda la interpretación del funcionario en turno.

La consulta, clara simulación como es menester obligado para este o cualquier gobierno, tuvo la virtud de matizar esta intentona, aunque hay que revisar los puntos finos de lo que las mayorías espurias en las cámaras habrán de legitimar.

… También está la cancelación de la visa de Andrés Manuel López Beltrán. El gobierno estadounidense no ha explicado públicamente las razones y, por tanto, sería irresponsable presentar la medida como prueba de algún delito. Pero sería igualmente ingenuo suponer que se trata de una simple falta menor. Para nada.

Estados Unidos puede retirar una visa sin revelar los motivos; políticamente, sin embargo, la decisión constituye un fuerte mensaje. No se la retiraron a un militante cualquiera, sino al hijo del expresidente, operador de Morena y símbolo de la continuidad familiar del obradorismo.

Andy respondió con una carta a la cual sólo le puso su insignificante nombre, dirigida a Donald Trump, denunciando una persecución y exigiendo explicaciones. La reacción, más que cerrar el episodio, confirmó su minoría de edad.

Una visa no es una sentencia, es una acusación pasiva que puede convertirse en cualquier momento en una acción activa en tanto el cerco parece cerrarse por parte de los vecinos en torno a personajes de la política mexicana, como el Rocha, que bien sabe el departamento de estado norteamericano, no se manda sólo.

… En el otro extremo aparece el escandaloso encarcelamiento de Ernesto Ruffo Appel, primer gobernador de oposición y concretamente del PAN en la historia moderna del país, un ícono por tanto del panismo.

La Fiscalía lo acusa de delincuencia organizada y contrabando de hidrocarburos. Las imputaciones son graves y deberán ser investigadas; Ruffo no puede reclamar impunidad por su trayectoria, pero tampoco puede aceptarse que la prisión preventiva, el traslado espectacular y la exhibición pública sustituyan a una sentencia, además de la cancelación abusiva de su derecho a llevar su proceso en libertad condicionada por su edad avanzada.

 

La justicia selectiva no la inauguró este régimen, pero si la señaló, la reclamó y prometió abolirla, para luego abrazarla de manera muy parecida como abrazó a la delincuencia.

Mientras a unos se les aplica toda la fuerza del Estado desde el primer momento, otros reciben protección política, dilaciones, silencios o defensas públicas. La vieja consigna de “a los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley asecas” no desapareció con la alternancia. Solamente cambió de administradores.

Novena entrada.

Todos estos acontecimientos convergen en una misma pregunta: ¿quién ejerce realmente el poder en México? La respuesta comenzará a conocerse con la designación de las candidaturas de Morena para el proceso electoral de 2027. Ahí se sabrá si Claudia Sheinbaum finalmente construyó una estructura propia o si el expresidente conserva el derecho de veto y las jugosas facultades extra sexenales.

Cada nominación será una ficha del tablero. Los perfiles cercanos a la presidenta indicarán emancipación; los vinculados a López Obrador, a René Bejarano, a Alejandro Esquer, a Adan Agusto entre otros operadores del productivo changarro de los López, revelarán continuidad o un parteaguas. No será una simple competencia de encuestas: será el inventario real de lealtades dentro del régimen.

Lo ocurrido con Rocha permite anticipar que estamos frente a un golpe blando de poder. No un golpe contra las instituciones, sino un desplazamiento gradual dentro del propio oficialismo. Primero se retiran respaldos, después se aíslan operadores, luego se sustituyen candidaturas y finalmente se reescribe el origen de las decisiones.

Es un proceso discreto que con los días tenderá a endurecerse. Para Sonora, las señales no deberían pasar inadvertidas. Quienes se proclaman ungidos y suponen asegurada una candidatura por pertenecer a determinado grupo podrían descubrir que sus padrinos ya no tienen la misma capacidad de imposición. En política, la peor equivocación consiste en confundir una promesa del pasado con una decisión del presente.

Rocha quiso regresar para demostrar que todavía pertenecía al poder. Terminó mostrando que el poder ya se estaba moviendo hacia otro lado, y eso fue precisamente lo que Rocha se llevó: la apariencia de que López Obrador todavía podía decidirlo todo.

Pertenecer al grupo de Bejarano o al círculo del expresidente hoy ya no luce tan sexy, pero, sobre todo, empieza a no resultar tan seguro… Es uno de esos momentos donde las lealtades migran a tiempo o lo intentan demasiado tarde.

@dparra001