LA HUELGA QUE NADIE QUIERE. EL ACUERDO QUE TODOS NECESITAMOS
- CONSIDERACIONES PREVIAS: EL COSTO DE LA PARÁLISIS.
La Universidad de Sonora no está en huelga: está en pausa. Y en pausa lleva no solo el semestre de 40,000 estudiantes, sino la investigación, la extensión, los proyectos productivos y la esperanza de miles de familias que ven en la UNISON la única ruta de movilidad social. El STEUS ya definió su ruta. El STAUS está por definir la suya. Rectoría tiene la mesa puesta, pero con una silla vacía que pesa más que cualquier pliego petitorio. El Gobierno del Estado observa, la Federación administra el techo presupuestal, y en medio queda la comunidad universitaria.
Seamos claros: en esta huelga no hay vencedores. Si el sindicato cede sin garantías, pierde legitimidad ante su base. Si Rectoría se cierra sin diálogo real, pierde gobernabilidad. Si el Gobierno deja que el conflicto se pudra, pierde la bandera de la educación pública como prioridad de la 4T. Y si la parálisis se extiende, pierden los estudiantes. Pierde Sonora. El dato es objetivo: cada día sin clases es un día que no regresa. El daño a la formación profesional no se recupera con calendarios compactados ni con clases en línea. Se recupera con acuerdos.
La agenda laboral es legítima. El reclamo de que 30% del personal administrativo gane por debajo del mínimo constitucional violando el Art. 123 es real. Los ocho años sin revisión efectiva de violaciones al contrato colectivo son un expediente abierto. Pero también es real que la Universidad opera con un presupuesto definido desde 2008, con un techo del 4% que no decretó esta administración. Ahí está el nudo: derechos laborales justos frente a restricciones presupuestales heredadas. Y ese nudo no se desata con comunicados ni con ausencias. Se desata en la mesa.
- A MANERA DE REFLEXIÓN: GOBERNAR ES MEDIAR, NO ADMINISTRAR EL CONFLICTO.
Adolfo Sánchez Vázquez lo planteó con crudeza: la ética no se decreta, se practica. Y la práctica política hoy se llama mediación. El Gobierno del Estado y la Federación tienen razón cuando señalan que no inventaron el tope presupuestal. El STAUS tiene razón cuando exige que la ley se cumpla y que la dignidad laboral no sea moneda de ajuste. Rectoría tiene razón cuando pide responsabilidad financiera para no colapsar la institución. Todos tienen razón. Y por eso mismo, nadie puede imponer su razón como única salida.
Wallerstein nos recuerda que los sistemas presionan para contener el gasto social. Harvey advierte que la precarización se normaliza cuando el diálogo se rompe. La UNISON está en ese punto: o se convierte en laboratorio de cómo la 4T resuelve conflictos con justicia social y responsabilidad hacendaria, o se convierte en ejemplo de que la autonomía universitaria sirve para fragmentar responsabilidades mientras el conflicto escala.
El diálogo no es concesión: es método de gobierno. Y en este caso, el método exige tres condiciones. Primera: que Rectoría asista a la mesa con capacidad real de acuerdo, no solo a escuchar. Segunda: que el STAUS llegue con la disposición de construir rutas graduales sin renunciar a sus principios. Tercera: que el Gobierno del Estado y la Federación sean garantes, no espectadores. Porque si el techo del 4% es nacional, la solución también debe ser nacional. Sonora no puede cargar sola con el costo de un diseño presupuestal que castiga a la educación pública.
La huelga es el último recurso del trabajador. Pero prolongarla sin ruta de salida es castigar al estudiante que no tiene la culpa del conflicto. El sindicato defiende a sus agremiados; la Universidad debe defender a sus estudiantes. Y el Gobierno debe defender a ambos. Esa es la ecuación que no se ha querido resolver.
- CONSIDERACIONES FINALES: EL ACUERDO COMO PATRIA.
Son 40,000 razones para destrabar esta huelga. 40,000 jóvenes que no pidieron estar en medio de un conflicto entre legalidad y presupuesto. 40,000 familias que pagan impuestos y merecen que la universidad pública funcione. La salida no está en quién dobla a quién. Está en cómo nos ponemos de acuerdo para que nadie pierda la universidad.
Un buen acuerdo tiene tres pisos. Piso uno, inmediato: reanudación de clases con calendario de recuperación que no simule, sino que garantice contenido. Piso dos, laboral: ruta de atención al rezago salarial y a las violaciones contractuales, con plazos, montos y corresponsabilidad entre Rectoría, Estado y Federación. Si el 4% no alcanza, que se construya una bolsa concurrente. Piso tres, estructural: compromiso para que en 2027 la UNISON no repita esta crisis. Eso implica revisar el modelo de financiamiento y la política salarial de fondo.
Al STAUS hay que reconocerle que mantuvo la lucha laboral viva cuando otros la abandonaron. Al Gobierno hay que reconocerle que heredó un problema que no creó. A Rectoría hay que exigirle que no administre la crisis, sino que la encabece. Y a todos hay que pedirles que pongan a los estudiantes al centro. Porque una universidad sin clases es un edificio. Y un gobierno que no garantiza educación es administración sin sentido.
El llamado es directo: siéntense todos. Rectora, Secretario General del STAUS, Gobernador, representante de la SEP. Sin sillas vacías, sin comunicados por interpósita persona, sin cálculos políticos. Con la voluntad de que Sonora no pierda un semestre más. La historia no va a recordar quién tuvo la razón jurídica. Va a recordar quién tuvo la estatura para conciliar.
La huelga se levantará. La pregunta es si se levantará con un acuerdo que fortalezca a la UNISON o con un desgaste que la fracture. Apostemos a lo primero. Por los estudiantes, por los trabajadores, por Sonora. Porque la educación pública no es botín de negociación: es patrimonio que se defiende entre todos.

