Hay una heroína en la jornada

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Hay una heroína en la jornada

EL ZANCUDO

Por Arturo Soto Munguía

Llegó a las cuatro de la mañana retando al frío de Agua Prieta que por estas fechas no suele ser amable, menos en aquella parte de la ciudad que es un llano de ventisca helada que en otoño, anticipa la crudeza del invierno.

Fue la primera en la fila porque cuando la necesidad aprieta y las urgencias familiares apremian, una desmañanada puede ser el pasaporte al ingreso fijo y la seguridad social; a la certeza de un empleo digno y la posibilidad de escalar en el organigrama de una empresa que apostó 200 millones de dólares en esta parte del mapa que colinda con el mayor mercado del mundo.

Se llama Jaqueline Ortiz y hace tres años llegó desde Ciudad Obregón junto con su esposo y sus hijos. Recorrieron más de 600 kilómetros buscando una mejor calidad de vida “porque en Obregón sí hay trabajo, pero los salarios son muy bajos”, dice, mientras de sus manos van tomado forma las prendas que luego viajarán por todo el mundo llevando en cada hilo un poquito de su vida.

El domingo por la tarde todavía estaba en su casa trabajando en la elaboración de manualidades destinadas a la venta para ayudar al sostenimiento familiar.

Horas después cruzaría el llano antes del amanecer llevando en las manos los documentos requeridos para solicitar empleo. Esperó unas horas en la ventanilla antes de que comenzara, detrás de ella, a formarse una larga fila de mujeres y hombres con sus mismas esperanzas.

Su salario hoy es de 374 pesos diarios y con el de su esposo suma casi 30 mil pesos mensuales, que no son para ir por la vida presumiendo lujos y desplantes, pero abonan a la estabilidad económica familiar y sobre todo, garantizan la seguridad social para ellos y sus hijos.

Se llama Jaqueline Ortiz, es de Cajeme y en Agua Prieta fue la primera contratación de Mainland, una empresa de capital chino que hace años buscó establecerse en Sonora pero por alguna razón eligió otro destino en México.

Ella es la primera de 176 sonorenses que hoy tienen un trabajo estable en una empresa global que reconsideró el destino de su inversión y decidió que Agua Prieta ofrecía las condiciones necesarias para volver, asentarse y proyectar su crecimiento en una prospectiva de cinco años en los que se contempla generar cuatro mil empleos. No solo en la línea de producción, donde Jaqueline sigue zurciendo con sus manos las gorras que en algún lugar del mundo, alguien se pondrá en su cabeza sin saber que en ella llevan un poquito de la vida de Jaqueline, la que ayer estaba aquí, en Agua Prieta, en la inauguración de la primera empresa que llega a Sonora en el contexto de la relocalización de inversiones, el mentado ‘nearshoring’ que por lo pronto, ya abrió brecha en ese llano que dentro de poco será un recinto fiscal donde otras empresas globales anidarán sus inversiones.

II

No fue fácil. Mainland se había ido de Sonora antes de concretar su inversión. El azar o el destino o sepa dios qué se cruzaron en el camino, y el alguna parte del mundo coincidieron dos personas en un centro de estudios. Uno de ellos, Alex Lam, hijo de los dueños de Mainland y Alfonso Durazo Chávez, hijo del gobernador de Sonora.

Los dos estaban presentes ayer en Agua Prieta. Sus padres también. “El Pule”, como le dicen familiarmente a Durazo Chávez, mientras se hacía el recuento de los avatares que hubo qué pasar para que el multicitado ‘nearshoring’ concretara los primeros 200 millones de dólares y estuvieran en Agua Prieta, en el terreno del ejido que lleva ese mismo nombre y donde los ejidatarios no solo han puesto la tierra, sino el compromiso de ofrecer a la empresa los servicios de limpieza, seguridad y alimentación para la planta laboral.

Hubo que negociar con el ayuntamiento de Agua Prieta para facilitar los trámites y hasta con centrales obreras para resolver asuntos relativos a la sindicalización en una planta que proyecta la contratación de 4 mil empleados para 2027. Hubo que cabildear con universidades, tecnológicos y con el sector empresarial. También con el gobierno federal.

Y en todo ese proceso estuvo alguien que, sin estridencias ni protagonismos de oropel estuvo picando piedra y haciéndose presente en cada negociación con la parte patronal, con las centrales obreras, con instituciones académicas, con el gobierno federal, con toda la gente involucrada en esta, la primera inversión extranjera que llega a Sonora en el contexto del ‘nearshoring’.

Sí, hay que reconocer como una pieza clave en todo este proceso al secretario del Trabajo en el estado, Francisco Vázquez Valencia, que nada como los patos, muy tranquilo por arriba, pero por debajo está dale que dale sacándole la chamba al gobernador, que por cierto andaba muy contento ayer, y no es para menos.

II

Como la omnipresencia no se me da, estuve impedido de ir a Guaymas, donde Heriberto Aguilar le organizó una recepción multitudinaria a la precandidata presidencial Claudia Sheinbaum.

Al parecer y según los reportes de prensa, el evento estuvo muy ‘guango’. Pero como no estuve, no lo puedo constatar.

Me hubiera gustado ir, pero además de que no me invitaron, traía agenda por otro lado. Ya saben que la regla de oro del columpio es no ir a donde no lo inviten, ni irse de donde no lo corran.

Algún día les platicaré de aquel 1987 cuando conocí a Claudia en el Encuentro Nacional de Esudiantes convocado por el CEU. Ahora no, porque me gana la nostalgia de ‘cascarear’ en el Estadio Olímpico con la universidad ‘tomada’ y ya de mis Pumas ni hablamos…

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