Las obras emblemáticas de los Gobernadores, ¿cuál será la de Alfonso Durazo?

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Las obras emblemáticas de los Gobernadores, ¿cuál será la de Alfonso Durazo?

En el gremio político se dice que, desde los tiempos de Faustino Félix Serna -de 1967 a 1973, cuando se remodelaron y construyeron nuevos estadios de beisbol en algunos municipios de Sonora-, cada Gobernador deja o trata de dejar una o varias obras emblemáticas con las que pueda ser recordado.

Y aunque ha trascendido que casi no pasó nada con el sexenio compartido (de 1973 a 1979) de Carlos Armando Biebrich Torres y Alejandro Carrillo Marcor (ya que este último realmente vino a resolver la crisis política por la matanza de San Ignacio Río Muerto y administrar lo que se tenía); la verdad es que, en caso de que hubieran hecho algo significativo, de todos modos no se hubiera notado por la gran cantidad de obras de infraestructura, programas e instituciones que creó Samuel Ocaña García, de 1979 a 1985.

Con Rodolfo Félix Valdés, quien gobernó de 1985 a 1991, se hizo realidad el sueño de muchos sonorenses por contar con una carretera internacional de cuatro carriles; declarando también el veterano Mandatario -en su mismo sexenio-, la posibilidad de construir oficinas de gobierno en lo que conocemos como Vado del Río.

Proyecto que capitalizó Manlio Fabio Beltrones, de 1991 a 1997.

De Armando López Nogales no se pueden afirmar muchas cosas buenas, ya que tuvo una etapa de altibajos por la falta de proyectos realizables, políticas públicas sólidas y la fuerte presencia de la oposición que a todo le decían que no; tanto en el Congreso del Estado con los Diputados panistas y perredistas, y con los Presidentes Municipales emanados de ambos partidos.

Fueron tan severas las negativas en contra del Gobierno Estatal del cananense, que en Hermosillo el entonces alcalde panista Francisco Búrquez Valenzuela, se negó a que se instalara una desalinizadora que nos proveyera de agua potable a todos los habitantes.

La siguiente administración estatal con Eduardo Bours Castelo, se caracterizó primero por un redimensionamiento de personal, el cual no era otra cosa más que despedir a empleados sin importar su situación de vida; ya sean trabajadores a punto de jubilarse, enfermos crónicos o mujeres embarazadas.

No obstante, se debe reconocer que luego se empezó a cacaraquear el ahorro presupuestal, a tratar de atraer inversiones y a mejorar la infraestructura urbana de las principales ciudades de Sonora. Entre ellas Hermosillo, con trazos nuevos a las viejas calles y la construcción de distribuidores y puentes viales como los del Plan Sonora Proyecta, el cual se pagó con un financiamiento privado, comprometiendo los futuros ingresos del gobierno.

Era un préstamo bancario, pues.

Seguidamente y luego de la derrota de Alfonso Elías como candidato priista, llegó la alternancia y como primer gobernador el panista Guillermo Padrés Elías, quien desde un principio fue señalado por actos de corrupción y conductas no muy moralistas de su Gabinete y de él mismo.

Sin embargo, se debe reconocer que se la jugó a favor de Sonora, al traer -vía Acueducto Independencia- agua de la presa El Novillo, lo cual levantó casi en armas a miles de agricultores y cajemenses que históricamente -y por caprichos de la naturaleza- son los receptores del caudal del Río Yaqui que viene desde la sierra alta de Sonora.

Con Claudia Pavlovich Arellano, en sus primeros tres años que tuvo como presidente a Enrique Peña Nieto, se emprendieron obras y programas sociales que en algunos casos quedaron inconclusos, por depender financieramente del Gobierno Federal; el cual, ante el advenimiento o llegada de un ciclón, un sismo o una marea alta en el sureste o en el pacífico sur, se recortaban los recursos a los estados y eso le partía la madre a Sonora.

Mientras que, en la última parte de su gobierno, mantuvo un buen acercamiento con el mandatario Andrés Manuel López Obrador, aplicando en Sonora programas sociales con etiqueta federal y manteniendo los convenios de colaboración que datan de muchos años en dependencias afines.

Se dice que la relación institucional mejoró tanto entre ambos, que ahora la ex Gobernadora despacha como cónsul de México en Barcelona, España.

Pero, bueno.

Ahora en Sonora, al cierre del sexenio, las cosas pudieran ser diferentes.

O mejores.

Contamos con un Gobernador que su único oficio de por vida es la política, y por ello conjuga fácilmente el verbo “gestionar”.

A casi dos años de tomar las riendas del segundo estado más grande de México, Alfonso Durazo ha promovido inversiones y empleos para los sonorenses, programas sociales y otros beneficios que confía impacten lo más pronto posible y en grandes cantidades.

Y tratar de que no le gane el tiempo en puros planes.

En la víspera del segundo informe de gobierno, todas las dependencias estatales se encuentran detallando los logros obtenidos en base a lo planeado y las acciones urgentes que se emprendieron desde finales del año pasado hasta hace unos días.

Durante un encuentro de Paulina Ocaña, coordinadora del Sistema Estatal de Comunicación, con los periodistas de la Mesa Cancún que encabeza el empresario Carlos Rodríguez Pérez, nos hizo saber el intenso trabajo que se está haciendo previo al informe.

Hasta el momento no es visible cuál sería la obra emblemática del gobernador Durazo Montaño; aunque lo cierto son las perspectivas de desarrollo que tenemos los sonorenses en muchos rubros. Entre ellos las actividades primarias y la industria, apoyadas ambas con las energías renovables.

Pero indudablemente que, lo mejor de todo, es la generación de empleos que sirve para llevar el sustento a la casa.

Bueno, amigos.

Nos vemos la próxima semana.

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