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Olor a Dinero/Feliciano J. Espriella

DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS “XOCHILOVERS”?

DESDE HACE UN BUEN DE TIEMPO… las columnas que publico de lunes a viernes, habitualmente las convierto a audio y se las mando con otras tres más publicadas en el día por periodistas locales, a alrededor de unas 400 personas seleccionadas de entre mis contactos. Los envíos son por WhatsApp.

Cabe señalar que dicho grupo de contactos es totalmente heterogéneo y hay disparidades de todo tipo: hombres y mujeres, políticos, profesionistas, amas de casa, colegas periodistas, amistades y un gran etcétera adicional.

Esporádicamente alguien me regresa algún comentario crítico, halagüeño, me corrige algún error o me pide amplíe algún comentario, pero nunca, desde que empecé con esto hace ya algunos años, me había sucedido que me agredieran e incluso me insultaran como me sucedió la semana anterior en respuesta a una columna que titulé: Lady X, “La Pelangocha”, en la cual reseño varias acciones y/o declaraciones que en el transcurso de la campaña electoral por la presidencia realizó la hoy candidata derrotada Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, las cuales en mi opinión ubican a la señora X como una persona vulgar y corriente.

Y no es que me extrañe que algún escrito mío provoque en alguien molestia o enojo, que reaccionen agresivamente y hasta con insultos. Me ha sucedido en algunas ocasiones en respuesta a publicaciones abiertas en redes sociales, especialmente en X, antes Twitter y generalmente desde el anonimato o por personas desconocidas.

Pero no de esa manera. No de personas que además me conocen y a las que jamás les he dado motivos para agresiones personales y mucho menos para insultos velados o directos. Además, la audio columna mencionada no fue enviada directamente por mí, sino que les llegó por alguien que la mandó por chats personales en los que yo no participo.

Sucedió de la siguiente manera: una persona muy cercana a mí me platicaba seguido su molestia y hartazgo por la gran cantidad de propaganda vía videos, mensajes y memes a favor de la hoy candidata derrotada que a diario recibía en los grupos que participa. Le sugerí que, por una vez en la vida, ella hiciera lo mismo y publicara en esos chats algo crítico a la susodicha candidata y le recomendé la mencionada columna, la cual le envié.

Así lo hizo, y las respuestas a las que aludí con anterioridad le llegaron más pronto que inmediatamente por la misma vía. Lo curioso es que las réplicas son diametralmente opuestas y aparentemente generaron emociones y sentimientos negativos pero divergentes.

Se trata de dos personas de sexo femenino, que saben perfectamente quien soy y pudieron enviarme sus comentarios directamente y de hecho hasta pudimos debatirlos. Pero no, los publicaron en los mismos chats en los que los escucharon para evidentemente fijar una posición de tipo ideológico ante sus compañeros y compañeras de grupo, lo cual pudiera ser aceptable y hasta entendible si ellas aparecieran en los contenidos de la columna, pero ninguna de las dos tenía absolutamente nada que ver con el texto.

Pero eso sí, me queda muy claro, eran furibundas opositoras a la próxima presidenta de la república Claudia Sheinbaum Pardo y, supongo que ya tenían una fuerte certeza de lo que sucedería unos cuantos días después. Creo que como decimos coloquialmente, no buscaban quién se las hizo, sino quién se las pagara.

Como el espacio no es elástico y el de esta entrega ya casi se agota, dejaré para los próximos días las columnas que les dedicaré a cada una de las susodichas féminas, las cuales, a reserva de que se me ocurriera algo mejor y protegiendo el anonimato de ellas ya que no tengo el menor deseo de exhibirlas, las titularé:

“Chivis: mi temerosa y apreciada amiga”

“Caro: furibunda creyente”

Para finalizar, quiero dejar claro que estas publicaciones tienen la intención de ofrecer una perspectiva personal de la polarización que se dio durante la campaña y que fue acicateada con fines proselitistas y propagandistas por los integrantes de la xochitlmanía a través de insultos, calumnias, falsedades, distorsión a conveniencia de diversas situaciones y cientos de hechos por el estilo, que generaron temor y odio entre quienes tenían el legítimo derecho de elegir libremente que corriente política o candidatura apoyar.

No siento ninguna molestia ni encono a ninguna de estas dos mujeres ni pretendo exhibirlas públicamente, porque en última instancia creo que sólo responden a estímulos que les fueron inoculados subliminalmente por quienes sí obraron con toda maledicencia y mala fe.