Opinión/Elisur Arteaga Nava

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Opinión/Elisur Arteaga Nava

 

SE ACABÓ LA CUARTA TRANSFORMACIÓN: A CORRER TODOS

Las autoridades de Estados Unidos, de manera precipitada, pero contundente, abrieron la sucesión presidencial de México, la de 2030. Nos dijeron quién es su candidato: Omar García Harfuch; e, indirectamente, quiénes no lo son: los hijos de AMLO y los morenos más conspicuos. Respecto de éstos, de momento, no dieron nombres. Lo irán haciendo conforme alguna candidatura tome forma.

Era de esperarse que lo hicieran; pero nadie previó que lo hicieran de manera tan prematura y descarada. AMLO, en sus buenos tiempos, por menos hubiera salido a las calles a protestar por la intromisión indebida, a reclamar por el destape prematuro y por la ofensa a la soberanía nacional. No lo ha hecho. Parece que le teme a algo y que ese algo es muy gordo.

AMLO, desde ahora y hasta 2029, hará todo por impedir que ocupe la presidencia del país alguien ajeno a su rebaño: García Harfuch. El tabasqueño, antes de intentarlo, debe recordar dos cosas: una, que tiene cola que le pisen; la otra, que en el bullpen de los norteamericanos están calentando brazo Ricardo Salinas, Eduardo Verástegui y Claudio X. González, entre otros. Bien consideradas las cosas, García Harfuch pudiera ser un mal menor para él.

También existe la posibilidad de que las autoridades de Estados Unidos, por su parte, se encarguen de fortalecer a su candidato y de quemar a cualquiera al que le apueste AMLO. Al inicio, continuarán con el recurso de retirar las visas; como se aproxime el momento del destape, es de esperarse que elimine cartas a través de soltar información comprometedora e, incluso, de ser necesario, de solicitar la detención para fines de extradición, de quienes aparezcan como posibles candidatos de Morena. Al parecer, muy pocos están a salvo de predicamentos y hasta de sospechas fundadas.

AMLO, si vive para 2029 y no se halla en prisión, será un moribundo político y hasta físicamente. No contará con un equipo que opere una sucesión presidencial a su gusto y adecuada a las circunstancias. Su carnal Adán está pelas. Eso no le impedirá patalear y salir de su finca en defensa de sus intereses, de los de sus hijos y los de su familia. Lo hará bajo el expediente de defender la soberanía nacional.

Omar García no es ningún tullido; pudiera contar con información comprometedora relacionada con malos comportamientos de los morenos más conspicuos. Más vale que AMLO y él se pongan de acuerdo: pacten jugar con las cartas sobre la mesa y según las reglas que nuestros vecinos impongan. A ese extremo nos llevó la política de abrazos y no balazos.

AMLO es el único responsable del mal estado de cosas en que se encuentra su grupo más cercano. No les cuidó las manos: al parecer se comprometieron con gente de malos antecedentes y se inmiscuyeron en negocios no del todo lícitos; tampoco cuidó sus pies: que no anduvieran en malos pasos. En este mundo todo se sabe y, mucho más, de lo que hacen los políticos.

AMLO sabe que su futuro, influencia y patrimonio familiar, que, al parecer, no es raquítico, depende de la información que filtren las agencias de investigación norteamericanas.

Es de esperarse que de aquí a 2030, AMLO y Estados Unidos se dediquen a quemar candidatos. El olor a carne quemada llegará a los cinco continentes y a los siete mares de los que se hablaba antes.

Si AMLO quiere que alguno de sus otros hijos herede la presidencia de la República, debe ordenarles que regresen a residir en México y que en lo sucesivo no se ausenten del territorio nacional más de treinta días. Esperemos que cuando regresen de Estados Unidos sepan hablar español y prepararse un taco. Lo necesitarán.

Morena. Movimiento de fichas — Eduardo Miranda

A Andy, para que no esté desocupado, que lo ponga a aprender la técnica de hacer cartas. Para que no haga el ridículo ante sus compañeros, le aconsejo que previamente tome un curso en línea.

A nuestra presidenta se ha confiado un papel muy triste: ejecutar las órdenes que le dé AMLO. No podrá elegir a su sucesor. Ese será su castigo por los escasos rasgos de independencia que mostró. Tampoco será oída su opinión para determinar quiénes serán los candidatos de Morena al Congreso de la Unión y a las gubernaturas.

Ante el destape de García Harfuch hecho por las autoridades norteamericanas, era de esperarse que AMLO saliera de su madriguera y, en defensa de su soberanía, no la de México como país, hiciera lo único que sabe hacer: revolver las cosas políticas; ello implica que:

·      Organizará una encuesta para revocar el mandato de la señora Sheinbaum y, en su momento, pese a los impedimentos constitucionales, ponga en substitución a Lenia Batres Guadarrama: a mi no me vengan con que la ley es la ley.

·      Buscará la manera de eliminar a García Harfuch; la difamación es su fuerte, y la intriga, su debilidad, a fin de que quede en su lugar un operador eficaz de las instrucciones que emita.

·      Para 2030 procure como candidato de Morena a un izquierdista puro e intachable. Dudo que lo encuentre. Fernández Noroña quiere, pero no lo es.

·      Una última y desesperada maniobra: que por conducto de Ricardo Monreal Ávila ordene al Congreso de la Unión reforme la Constitución en su artículo 82 y se agregue como requisito para ser presidente de la República el no apellidarse García ni llamarse Omar. Disponer que no se apellide Harfuch ya sería mucho. Están prohibidas las leyes privativas, especiales y retroactivas; y proclame que la soberanía nacional está en peligro y, por sí, sin intervención del Congreso de la Unión, declare una guerra verbal a Estados Unidos e invite a la ciudadanía a seguirlo. Hablará en el Zócalo de la Ciudad de México y, hecho lo anterior, regrese a su finca.

Está visto que el tal Andy no pasará a la historia como presidente de la República y tampoco como el gran ideólogo continuador del proyecto de su padre. Como dijo Porfirio Díaz: Está muy redondo pa´ ser huevo. En una de esas y hasta termina sus días como huésped de alguna de las cárceles de máxima seguridad de Estados Unidos. Esperemos que las cartas que nos haga llegar desde su exilio involuntario no sean tan rupestres y corrientes como la que le dirigió al señor Trump.

Para cualquier político, en especial para AMLO, debe de ser frustrante y hasta trágico, el tener que admitir el hecho de que, pese a todas las providencias adoptadas, nada está en sus manos y que mucho depende, no del azar, sino de las autoridades norteamericanas.

TOMADO DE PROCESO.COM.MX