Por Lucero Calderón
Michelle Williams llevaba un par de años desaparecida de la industria por el tiempo que le dedicó a su maternidad.
Hasta que retomó un proyecto basado en una historia real escuchada en un podcast, en el que una mujer llamada Molly, con cáncer terminal, deseaba volver a experimentar placer a través del sexo.
Se trataba de Morir de placer, ya disponible desde hoy en Disney+.
“La historia me impresionó mucho, estaba llorando a mares. No podía entender por qué me había conmovido tanto. Años después, cuando ya estaba todo en marcha para llevar a cabo la filmación de la serie, volví a escuchar el podcast pensando que mi reacción sería distinta a aquella primera vez, que tendría una mente más racional, pero no fue así, volví a llorar”, relató Williams durante la promo de la serie.
“Estamos hablando de una persona real. Molly fue muy valiente, estaba atravesando por algo muy duro y no le importaba lo que la gente dijera o pensara, no le importaba lo que viera y eso realmente me impactó. Para mí, ella reescribió todas las reglas”, ahondó la actriz y productora.
A través de ocho capítulos, Williams emprende un viaje emocional al ponerse en la piel de Molly Kochan, quien, en medio de tratamientos químicos y cuidados paliativos, trata de cumplir un sueño en el tiempo que le queda de vida: tener un orgasmo y experimentar placer.
Teniendo en mente esa idea, abandona a su esposo Steve (Jay Duplass), renta un departamento y comienza a explorar todo lo desconocido para ella: apps de citas, chats con nudes, fiestas sexuales en las que hay sometimiento, relaciones casuales en las que ella manda y obliga a los hombres a hacer lo que ella pide. Hasta mantiene una relación con un hombre al que le gusta vestirse y actuar como perro, entre otras cosas.
En ese descubrimiento tardío de su sexualidad, Molly va tratando de sortear el caos emocional que va arrastrando, la ansiedad, la tristeza, el enojo, la frustración y el dolor, siempre acompañada de su mejor amiga Nikki (Jenny Slate). Del tal suerte, Morir de placer, serie creada por Elizabeth Meriweather y Kim Rosenstock, es una montaña rusa que mantiene al espectador entre la comedia y el drama, la curiosidad, el deseo y la reflexión sobre el cambio que puede dar la vida misma en un abrir y cerrar de ojos.
“Esta es una persona que quiere experimentar cada sensación y placer disponible, sacar el máximo provecho de todo como contrapeso a su vida médica, en la que le hacen cosas que son procedimientos incómodos. Como cuando en una secuencia su cita le pregunta si su bastón era parte de su fetiche y ella transformó ese aspecto negativo en positivo. La verdadera Molly siguió encontrando maneras de explorar su sexualidad, de sentirse bien con su cuerpo, incluso al final de su vida. Ocultaba creativamente las cicatrices de la quimioterapia y encontró maneras de seguir amándose”, contó Williams a Vanity Fair.
Uno de los episodios que más trabajo le costó a la también actriz de Blue Valentine o Secreto en la montaña (recordemos que en esta cinta mantenía una relación con el hoy finado Heath Ledger, con quien tuvo una hija) es el segundo, que lleva por título La masturbación es importante y es en el que se le ve encerrada en un hotel, después de haber huido de su cita de app, dándose placer.
“He hecho muchísimas cosas sexuales (frente a cámaras) en mis 30 años de carrera, pero nunca me había masturbado en una película y estaba muy nerviosa. Es mucho más fácil retratar el deseo mutuo que sólo el deseo por uno mismo. Cuando Liz (Meriwether) escribió esas escenas pensé: ‘Liz, ¡Lo has logrado!’”, dijo a The Guardian.
Nacida el 9 de septiembre de 1980 en Montana, Michelle Ingrid Williams comenzó su carrera actoral a los 14 años en la serie Baywatch. A partir de ese momento tuvo participaciones especiales en series como Mejorando la casa, junto a Tim Allen, en Step by Step y en la cinta Dick, hasta que llegó su gran oportunidad en la serie juvenil Dawson’s Creek, que duró de 1998 al 2003 y en la que compartió créditos con Katie Holmes, James Van Der Beek y Joshua Jackson, entre otros actores emblema de la generación millennial.
Uno de sus grandes aciertos se dio cuando aceptó Secreto en la montaña del director Ang Lee y por la que obtuvo su primera nominación al Oscar, a los 25 años. Siguieron otras postulación por Blue Valentine, Mi semana con Marilyn y Manchester by the Sea. La más reciente nominación se dio de la mano de Steven Spielberg por Los Fabelman, en donde interpreta a la mamá del propio Spielberg.
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